Book launch, Ciudad doliente de Dios

I am happy to announce that my novel Ciudad doliente de Dios, recently published by Alfaguara, will have its London launch next 5 December, at the Mexican Embassy Residence, at 6.00 pm. The event will be in English.

The novel was inspired in William Blake’s Prophetic Poems. I will be in conversation with Ana Elena González Treviño, PhD, another Blake expert and head of the Centre for Mexican Studies in the United Kingdom.

The address is 48 Belgrave Square, SW1X 8QR.

You can confirm you’re attending at

https://www.eventbrite.co.uk/e/book-launch-ciudad-doliente-de-dios-by-adriana-diaz-enciso-tickets-81730099929

Hope to see you there!

Cover Ciudad doliente de Dios cover

Stories for the Day of the Dead

Today, November the 2nd, is the traditional Mexican celebration of the Día de Muertos (the Day of the Dead), a perfect date to see the launch of A Miscellany of Death and Folly, described by its publishers, Egaeus Press, as ‘An entertainment including works from some of the finest authors of the weird and morbid working today’. 

I am most happy to be part of this miscellany with my short story ‘A Monument’, sharing its pages with other 15 authors. The book, again in Egaeus’ description, ‘is a lithographically printed, 250 page sewn hardback with colour endpapers; limited to just 300 copies’, and can be ordered here:

http://www.egaeuspress.com/Death_&_Folly

Egaeus Press’ books are jewels, and I hope you’ll enjoy this one!

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Hoy, 2 de noviembre, es por supuesto Día de Muertos, un día perfecto para el lanzamiento de A Miscellany of Death and Folly, descrito por los editores como “un entretenimiento que incluye obra de algunos de los mejores autores de la literatura weird y mórbida hoy día”.

 Me alegra mucho ser parte de esta miscelánea con mi cuento “A Monument”, compartiendo el espacio con otros 15 autores. El libro, de nuevo en la descripción de Egaeus, es un “volumen de pasta dura de impresión litográfica, con 250 páginas, con guardas de color, y con una edición limitada a solo 300 ejemplares”. Se puede encargar aquí:

http://www.egaeuspress.com/Death_&_Folly

Los libros de Egaeus Press son unas joyas. ¡Espero que disfruten de ésta!

Una despedida, con gratitud / A Farewell, with gratitude

(Scroll down to read in English)

No conocí a Ramón Córdoba en persona, pero desde el primer email que me envió en marzo de 2018 para decirme que sería el editor de mi novela Ciudad doliente de Dios, supe que tenía en él a un amigo.  Su email no era nada más cordial, sino entusiasta y muy cálido. Supe también que era muy afortunada de que mi libro estuviera en manos de un editor con una carrera tan larga y brillante, que había dedicado su vida a la literatura.

Pronto nuestra correspondencia reflejaba la mutua confianza, y sentía que había sido mi amigo durante mucho tiempo. 

Mi gratitud fue también inmediata. Tras una lectura atenta de la novela, Ramón confió en ella y tomó la extraordinaria decisión de no hacerle recortes innecesarios a una novela de 700 páginas. Y digo que es una decisión extraordinaria porque no es fácil que una editorial comercial tome semejantes riesgos con autores que, como es definitivamente mi caso, no somos best-sellers.

El respeto por el libro que tenía en las manos y su comprensión profunda de lo que yo había tratado de hacer me llenaban de ánimo. Titulaba esos primeros correos “Reporte del navegante”, y durante el tiempo que llevó la edición me hacía sentir que el esfuerzo de sacar el libro a la luz era de hecho una travesía en la que íbamos juntos. Estuvo siempre atento a lo que yo deseaba que fuera el libro; amaba además a Blake, y fue un placer elegir con él las imágenes para la portada. Fue veloz para conseguir los derechos de reproducción del British Museum cuando el tiempo apremiaba y gracias a ello la portada, con esa imagen de The First Book of Urizen de Blake, es tan hermosa.

Inicié la escritura de Ciudad doliente de Dios en 1997;  ha sido mi proyecto de escritura más largo, aventurado e importante; durante años pensé que ninguna editorial querría arriesgarse con un libro así y durante el proceso de su producción estaba muy ansiosa. Ramón y Mayra González, directora literaria de Alfaguara, así como Rosa Beltrán, coeditora desde la Dirección de Literatura de la UNAM, hicieron un trabajo heroico, ahora sí que navegando por las complicaciones de producir una novela tan larga, pero fueron además un apoyo constante y firme, calmando mi ansiedad con su fe en mi libro, que es lo que todo autor sueña tener, y necesita, de sus editores, pero que por desgracia no siempre tiene. 

En el transcurso de la aventura, Ramón y yo hablamos de los paisajes contrastantes de Londres y la Ciudad de México; intercambiábamos breves noticias de flores, pájaros, ardillas; de los cambios que vivía México durante las elecciones, de la melancolía invernal. Un día me envió una foto del Río Bravo, cuando andaba en Coahuila. Había ido a dar una conferencia sobre “cómo es que leer importa”. Esas charlas, decía, eran una siembra. Tenía una forma muy generosa y a la vez desenfadada de recordarme que autora y editores íbamos de la mano; que la novela tenía un respaldo. Sus correos llegaban con su sentido del humor y también con un optimismo que se contagiaba.

A medida que se acercaba la publicación de la novela, Ramón fue de una gentileza y firmeza invaluables cuando me entró un ataque de pánico y compartí con él mi miedo de que el libro fuera en realidad una locura. La emoción de los días en que estaba a punto de entrar a imprenta era compartida, y en cuanto estuvieron impresos los primeros ejemplares me mandó una fotografía. Decía que era mi socio y cómplice y así lo sentí siempre.

Los dos últimos correos que recibí de Ramón hablan, uno, de su compromiso con el libro (para avisarme que lo enviaba a un concurso), el otro de su generosidad y calidez. Al día siguiente de que falleció mi queridísimo amigo Armando Vega Gil en abril, me envió un abrazo y, en lugar de palabras, que se quedan cortas ante la muerte y la tragedia, una fotografía de la Avenida Reforma vista desde arriba, inundada de jacarandas, como una cruz en flor. El título del email era “Tu ciudad, hoy…”, y se lo agradecí con el alma: la calidez, el afecto, la sutileza, la belleza misma de la foto. Ramón era mi amigo.

Nunca dudé de que la próxima vez que fuera a México celebraríamos todos juntos la aparición de la novela, ni de que podría agradecerles en persona a mis editores su fe en el libro, su trabajo, su apoyo inmenso. Estaba segura de que brindaríamos, de que podría darles un abrazo. A todos.

El fallecimiento inesperado de Ramón el pasado 19 de junio me dejó sin habla. Para esa celebración había contado con todo, menos con la muerte. Sé que perdí a un aliado y a un amigo, y México perdió a un editor y escritor apasionado, entregado por completo a la literatura: incansable sembrador. 

Gracias, Ramón. Mi gratitud es de verdad infinita. No sé si tendrás idea de cuánto lamento no haber podido decírtelo en persona y darte un abrazo. Ya nos lo daremos allá, a donde vamos todos.

***

I never met Ramón Córdoba in person, but from the first email he sent me in March 2018 to tell me that he would be the editor of my novel Ciudad doliente de Dios, I knew that in him I had a friend. His email wasn’t only cordial, but enthusiastic and very warm. I also knew that I was very lucky that my book was in the hands of an editor with such a long and brilliant career, who had devoted his life to literature.

Soon our correspondence was reflecting the mutual trust, and it felt as if he had been my friend for a long time.

My gratitude was also immediate. After carefully reading the novel, Ramón trusted it and made the extraordinary decision of not making unnecessary cuts to a 700-page-long novel. And I say this is an extraordinary decision because it isn’t easy for a commercial publisher to take such risks with authors who, as is definitively my case, are not best-sellers.

Ramón’s respect for the book he had in his hands and his profound understanding of what I had tried to do were a deep source of encouragement. He titled those first emails as “The Seafarer’s Report”, and during the time of editing he made me feel that the effort of making the book see the light was indeed a voyage in which we were together. He always paid attention to what I wished for the book to be; he loved Blake, and it was a pleasure to choose with him the images for the cover. He was quick to get the reproduction permission from the British Museum when time was short, and thanks to that the cover is so beautiful, with that image from Blake’s The First Book of Urizen.

I started writing Ciudad doliente de Dios in 1997; it has been my longest, most risky and important writing project. For years I had thought that no publisher would want to take risks with such a book, and during its production process I was rather anxious. Ramón and Mayra González, Alfaguara’s literary director, as well as Rosa Beltrán, co-editor with the Direction of Literature at the UNAM, carried out a heroic job, indeed navigating the complications in producing such a long novel, and were also a constant and firm support, soothing my anxiety with their faith in my book, which is what every author dreams to have and needs from her editors and publishers, but isn’t always lucky enough to find.

Throughout the adventure, Ramón and I talked about the contrasting landscapes of London and Mexico City; we exchanged brief news of flowers in bloom, birds, squirrels; of the changes Mexico was going through during the recent elections, of winter melancholy. One day he sent me a photograph of the Bravo River, when he was in Coahuila. He’d gone there to give a talk about “how reading matters”. Such talks, he said, were sowing. He had a rather generous and at the same time carefree way of reminding me that author and editors were walking hand in hand; that the novel had support. His emails came with his sense of humour and also with an optimism that was contagious.

As the publication of the novel came nearer, Ramón’s kindness and firmness were invaluable when I had a panic attack and shared with him my fear that the book might be in fact madness. The excitement of the days when it was about to go into print was shared, and as soon as the first copies were printed he sent me a photograph. He said he was my partner and accomplice, and I always felt it that way.

The last two emails I received from Ramon talk, one of his commitment to the book (to let me know he was sending it to a competition), the other of his generosity and warmth. The day after my dear friend Armando Vega Gil passed away, he sent me a hug and, rather than words, which are insufficient in the face of death and tragedy, a photograph of Reforma Avenue seen from above, flooded with jacarandas in bloom, like a cross of blossoms. The email’s title was “Your city, today…”, and I thanked him from deep in my soul: for the warmth, the affection, the subtlety, the beauty of the image itself. Ramón was my friend.

I never had any doubt that the next time I went to Mexico we would all celebrate together the publication of the novel, nor that I’d be able to thank my editors in person for their faith in my book, their work, their immense support. I was sure that we would drink a toast to it, that I’d be able to give them a hug. To all of them.

Ramón’s unexpected passing last 19 June left me speechless. For that celebration, I had counted on everything, excepting death. I know I lost an ally and a friend, and that Mexico lost a passionate editor and author, completely devoted to literature: an indefatigable sower.

Thank you, Ramón. My gratitude is truly infinite. I don’t know if you have any idea of how much I’m sorry I could never tell you this in person or give you a hug. We’ll hug I’m sure when it is time over there, where we all are going.

 

 

Rita. The Documentary

On 4th July, the UNAM Centre for Mexican Studies at King’s College will be screening a documentary on the life and work of my dear friend, the late singer and actress Rita Guerrero. Rita was the singer of Mexican rock band Santa Sabina, as well as of the Early Music Ensamble Galileo. She also conducted the choir of Renaissance music from the viceroyalty era at the Universidad del Claustro de Sor Juana (the choir is now named after her). She was an actress and activist as well, and a major figure in cultural life in Mexico.
The director of the documentary is Arturo Díaz Santana.
The screening is on 4 July at 6.00 pm, at 
King’s College London, Waterloo campus, Franklin-Wilkins Building
Room 1.60, SE1 9NH.
This is a free event. You can book here:
I will be introducing the screening.

Otra flor para Armando

Acabo de recibir el enlace de una bellísima carta para Armando Vega Gil (Armambo, de cariño, y como él mismo firmaba a veces). Es de Sandra Arau Esquivel. Es una carta cargada de dolor, pero también de lucidez y, finalmente, de serenidad. Entre el alud de chillidos vociferantes e increpaciones que ha rodeado la pérdida de nuestro amigo, Sandra elige un remanso de quietud, de aceptación del dolor y la forma más profunda del silencio para honrar el amor compartido y común humanidad, para seguir soñando en un mundo que no estará regido por el odio, la división y la venganza. 

Esta carta es, por supuesto, una forma de hablar con Armando, de traerlo a la vida y honrar el recuerdo de un hombre amado por muchos, por muchas.

Comparto con ustedes el enlace:

Querido Armambo

I’ve just received a link to a very beautiful letter to Armando Vega Gil (Armambo, a term of endearment which he sometimes used himself). It’s written by Sandra Arau Esquivel. It’s a letter full of grief, but also rich in lucidity and, ultimately, serenity. Amidst the avalanche of vociferous screeches and rebukes which have surrounded the loss of our friend, Sandra chooses a pool of stillness, of acceptance of grief, and the most profound form of silence to honour the love shared and our common humanity, to go on dreaming of a world which won’t be ruled by hatred, division and revenge. 

The letter is, evidently, a way of talking to Armando, of bringing him to life and honouring the memory of a man loved by many.

I share the link with you (in Spanish):

Querido Armambo

 

Carta para Armando

[Scroll down to read in English]

¿Por dónde empiezo, Armando? Y cómo, si parece que me he quedado sin voz.

Durante estos días negros, incomprensibles, he querido saber qué pasó, qué te arrancó de nosotros, qué te hizo pensar que no había luz ni salida ni esperanza.

Busqué respuestas en la desmesura informática de internet. Sabes de mi aversión a las redes sociales, pero estos días me sumergí en esa cosa llamada Twitter, buscando una explicación. Encontré un lodazal, y he tenido que salir para respirar, para ver el cielo otra vez, los árboles, los pájaros: la vida. Para que no me arrastre el fango. No, amigo queridísimo, no buscaré más respuestas ahí. Ahí está todo sucio y roto. Ahí no estás tú.

Mejor recordarte. ¡Somos tantos los que te estamos recordando ahora! ¿Te das cuenta, desde allá donde estás? Tus compañeros y hermanos de Botellita de Jerez han publicado un texto lúcido y justo del que creo que estarías orgulloso. Muchos amigos y amigas han escrito sobre ti, con la verdad del cariño y la experiencia compartidos. ¡Y si vieras cómo habla de ti la gente de tu barrio!, con cuánto cariño y respeto.  Todos decimos cuánto te extrañamos. Han habido rituales sincronizados en varios puntos del planeta: ceremonia wirrarika en las montañas de Amatlán, encomendación a seres de luz en Brasil, rituales budistas en Londres y Veracruz. Todos enviándote luz, amor, un cariño inmenso, para que tu dolor se borre, para que estés en paz. Todo ese amor y esa luz, estoy segura, han de sostenerte y mostrarte el camino.

Qué paradoja, entre tanto dolor, acordarme de ti y recordar pura alegría. Cuando te conocí debía tener 19 o 20 años. Entrevisté a Botellita de Jerez para el programa que tenía en Radio U de G, después de un concierto de delirante irreverencia en la carpa de circo donde Sergio Ruíz y Raquel Guerrero organizaban jornadas de rock, en Guadalajara, a finales de los años 80. Luego me fui a vivir a la Ciudad de México, y ahí nació la amistad, en el taller de guión cinematográfico que dirigía en su casa Marcela Fuentes Berain. Ahí conocí a fondo no nada más tu talento, sino también tu insaciable curiosidad y tu impulso por crear: con música, con voz, con líneas, con palabras. Conocí también tu hondura, tu calidez. Como si trajeras siempre abierto el corazón. Durante los más de treinta años de nuestra amistad, así te recuerdo. Con el corazón abierto, lleno de cariño, de generosidad y de alegría.

Melancolía también, ¡cómo no! Tenías tus tristezas y tu dolor, que vivías con la misma intensidad con que abrazabas lo más luminoso de la vida. Pero era alegría lo que dabas a otros. Era un gozo tenerte en el taller de literatura de terror que dirigía en mi casa, y que se convirtió en un nido de unión y amistad que sigue vivo, aunque el taller hace más de veinte años que no existe. Me acuerdo de nuestro intento de recrear, en un bosque mexicano, la mítica reunión en la Villa Diodati de la que nació Frankenstein: felicidad pura, a la que tú contribuiste con tu generosidad, tu calidez, tu exaltación y tu humor. ¡Hemos reído tanto juntos! ¡Nos has dado tanta alegría, tanta risa y regocijo, a tantos! Pero no era nada más la risa lo que compartías. Siempre estabas ahí para tus amigos, siempre firme y solidario, y tus consejos (apasionados, exaltados) iban siempre dirigidos a abrazar la vida, a gozarla, a vivirla a fondo. ¿Qué pasó, entonces?

Otros recuerdos son los de la rebeldía, trabajando juntos en esos conciertos que hacíamos entre tantos, con distintos colectivos, para apoyar a las comunidades indígenas, a los zapatistas, a las víctimas de Acteal. Nos tocó ir juntos en la gira por el ex-DF en camiones de redilas que culminó en el concierto en el Ángel de la Independencia a principios de 1998, para despedir a la caravana que iría al campo de refugiados en Polhó. Cuando llegamos al Ángel, nos enteramos de que había unos individuos que querían impedir el concierto, y casi lo lograban. Tú y yo fuimos a hablar con ellos y no nos llevó más de dos minutos mandarlos a volar y dar instrucciones de que se siguiera montando el equipo. Fue un concierto hermoso. Tuvimos luna llena. Esos años fueron como una embriaguez de energía, esa sensación de que nadie nos detendría, nunca, y lo que buscábamos era justicia, paz, un país mejor, un mundo mejor. Y música, y escritura; pasión. Alegría.

En otro de esos conciertos, que se armaban sin permiso y sin policía, en el Deportivo Azcapotzalco, hubo un momento en que el público de casi veinte mil jóvenes parecía a punto de salirse de control. Era una situación alarmante, y nuestra responsabilidad inmensa. Tú te subiste al escenario, agarraste el micrófono, y en cuanto empezaste a hablar los chavos se calmaron: porque hablabas su lenguaje, por tu empatía, y por la firmeza con que dejaste claro que ahí no iba a haber violencia alguna, que estábamos ahí para otra cosa, que se llamaba solidaridad. Traías, otra vez, abierto el corazón, y teniéndote cerca yo me sentía segura.

Compartimos la escritura, las lecturas, y a todo te entregabas con el mismo fervor, sin reservas. Hablábamos de la vida. Sabíamos, sí, que la vida puede ser brutal, que tenía su lado más que oscuro. Pero hasta las conversaciones más melancólicas o escabrosas eran, contigo, alegría. No siempre estábamos de acuerdo. Sin embargo, una de las cosas más hermosas que recuerdo de nuestra amistad es que podíamos estar en desacuerdo sobre algo, pero el desacuerdo no era nunca entre tú y yo. Siempre estaba, ante todo, el cariño, y el respeto profundísimo que nace de él. 

Recuerdo con una gratitud para la que no tengo palabras suficientes tu lealtad a toda prueba y sin medida, tu estar ahí cuando las cosas se ponían feas en mi vida. La lealtad y la generosidad por la que te recordamos todos tus amigos. Recuerdo también cuando apareciste de sorpresa en Londres hace algunos años. Viajabas con Beatriz Rivas. Nos fuimos a cenar, y yo tenía el corazón lleno de alegría porque estabas en mi Londres, porque te habías aparecido de repente.

La última vez que te vi, cuando estuve en México en 2017, fue en el concierto de Mono Blanco en Bellas Artes. Fue un gozo, y más aún por verte a ti gozarlo tanto, con ese entusiasmo del niño que siempre mantuviste vivo y que se contagiaba. Luego nos fuimos a cenar con amigos a La Ópera. En el taxi de regreso nos traías muertos de risa, al taxista incluido. Te dejamos en tu casa, nos dimos un abrazo de esos intensos, llenos de cariño que sabías dar; te vi caminar a tu puerta y te vi contento, y eso me hacía feliz. ¿Qué pasó entre entonces y este abril tristísimo? ¿O estaba ya la tristeza agazapada ahí, y no supe verla?

Cuando nos escribimos este febrero, estábamos los dos melancólicos. Hablamos un poco sobre las dificultades laborales. Hablamos también sobre nuestras novelas. Te pregunté si no tenías viaje a Londres en puerta. Me dijiste que no, pero que si iba yo a México este año, me podía quedar en tu casa. Me hizo ilusión, porque recuerdo con inmenso cariño esa casa en la que siempre recibías con calidez y generosidad, en la que siempre me sentí feliz. En el 2017 me la ofreciste también, pero tú ibas a estar de gira esos días y a mí me dio miedo estar sola, porque acababa de pasar el terremoto… ahora lamento tanto no haber aceptado tu hospitalidad. Luego nos vimos con los amigos del extinto taller, y nos contabas del terremoto. Inmediatamente te habías sumado a los esfuerzos de rescate.

En esos últimos emails de febrero este año, me decías que ya me regresara a México.

No alcancé a leer entre líneas la hondura de tu tristeza, tu cansancio, y daría lo que fuera por poder hacer retroceder el tiempo, por haberte sabido preguntar ¿cómo estás? de una forma en que contestaras deveras. Ahora, leyendo una entrevista póstuma, algunos de los textos que acompañan tus hermosas fotografías en tu cuenta de instagram (que no sabía que existía), reconozco la melancolía y un estarte ya despidiendo, aunque quizá tú mismo no lo sabías, o no del todo, y no sé qué hacer con el dolor de no haber visto antes todo eso, y no haber estado ahí cuando te sentías tan frágil. Bastaba un empujoncito, supongo. Supongo que eso fue lo que pasó…

Yo no tengo palabras para mi gratitud por tu amistad. Alegría, gozo por la vida, imaginación, lealtad, generosidad: eso es lo que tú le dabas a la gente. Y lo escribo aquí, en este blog que puede leer cualquiera, porque quiero que la gente que no te conoció sepa quién eres: que eso era lo que tú le dabas a este mundo, y que por eso enriqueciste nuestro mundo de tantas maneras, incesantemente. La verdad de tu vida y de quien has sido no está en los submundos de las redes sociales. Está en la obra que dejaste, y en lo más hondo del corazón de todas las personas que tocaste; de tus amigos, que sabemos quién es Armando Vega Gil, y cuán irreparable es esta pérdida.

Descansa, amigo, hermano. Descansa en la luz. Ya pasó el terror, ya se disipa la oscuridad. En mi corazón estarás siempre vivo, con tu corazón abierto, con tu risa. Gracias. Gracias.

***

Where do I start, Armando? And how, if it feels as if I’ve lost my voice.

During these black, incomprehensible days, I’ve wanted to know what happened, what snatched you away from us, what made you think that there was no light, no way out or hope.

I looked for answers in internet’s information disproportion. You know of my aversion to social media, but these days I submerged myself into that thing called Twitter, looking for an explanation. What I found was a mudhole, and I’ve had to come out to breathe, to see the sky again, the trees, the birds: life. So that the mire doesn’t drag me down. No, dearest friend, I will not seek for more answers there. Over there, everything’s dirty and broken. You aren’t there.

I’ll rather remember you. It’s so many of us, remembering you now! Can you see, from there where you are? Your mates and brothers in Botellita de Jerez have published a lucid and just text that I think would have made you proud. Many friends have written about you, with the truth of shared love and experience. And if you could only see how people talk about you in your neighbourhood! With such affection and respect. We all say how much we miss you. There have been synchronized rituals at different points in the planet: Wirrarika ceremony in the Amatlán mountains, commending you to the care of beings of light in Brazil, Buddhist rituals in London and Veracruz. All of us sending you light, love, an immense affection, so that your pain is erased, so that you’re in peace. All that love and that light, I am sure, will hold you and show you the way. 

What a paradox, amidst such grief, to remember you and remember sheer joy. I must have been 19 or 20 when I met you. I interviewed Botellita de Jerez for the programme I hosted at Radio U de G, after a concert of delirious irreverence at the circus tent where Sergio Ruíz and Raquel Guerrero organized rock gigs, in Guadalajara, back in the late 80s. Then I moved to Mexico City, and that’s where the friendship was born, at the film script workshop that Marcela Fuentes Berain led in her house. There, I could know in depth not only your talent, but also your insatiable curiosity and your impulse to create: with music, with voice, with lines, with words. I also knew of your depths, your warmth. As if were always carrying your heart open. During the more than thirty years of our friendship, that’s how I remember you. With your heart open, and full of love, generosity and joy. 

Melancholy as well, no doubt about it! You had your sorrows and your pain, which you lived with the same intensity with which you embraced what in life is most luminous. But it was joy what you gave to others. It was a delight to have you in the horror literature workshop that I led in my house, which became a nest of union and friendship which is still alive, though the workshop ceased existing more than 20 years ago. I remember our attempt at recreating, in a Mexican wood, the mythical reunion in Villa Diodati where Frankenstein was born: pure happiness, to which you contributed with your generosity, your warmth, your exaltation and sense of humour. We’ve laughed so much together! You have given so much happiness, laughter and delight to so many! But it wasn’t only laughter that you shared. You were always there for your friends, always steady and solidary, and your advice (passionate, exalted) always pointed at embracing life, at enjoying it and living it fully. What happened, then?

Other memories are those of rebelliousness, working together in those concerts organized collectively to support the indigenous communities, the zapatistas, the Acteal victims. We were together in the truck-tour through Mexico City which ended up at the concert at the Angel of Independence monument, early in 1998, to see off the caravan that would go to the Polhó refugee camp. When we arrived, we found out that some individuals wanted to stop the concert from happening. You and I went to talk to them and it didn’t take us more than two minutes to send them packing and give instructions so that the PA installation continued. It was a beautiful concert. We had a full moon. Those years were a sort of energy inebriation, that sensation that no one could ever stop us, and what we were looking for was justice, peace, a better country, a better world. And music, and writing; passion. Joy.

On another of those concerts, that were put together without asking for permission, and without any police, at the Deportivo Azcapotzalco, for a moment it seemed that the twenty-thousand-strong audience would get out of control. It was an alarming situation; our responsibility was enromous. You went onstage, grabbed the microphone and, as soon as you started talking, the youths calmed down: because you spoke their language; because of your empathy, and because of how firmly you made it clear that there would be no violence at all in that place; that we were there for something else, the name of which was solidarity. Again, your heart was open, and having you near I felt safe.

We shared literature, our readings, and you gave yourself to everything with the same fervor, unreservedly. We talked about life. We knew indeed that life can be brutal, that it has its more than dark side. But even the most melancholic or thorny conversations were, with you, a joy. We didn’t always agree. However, one of the most beautiful things I remember about our friendship is that we could disagree about something, but the disagreement was never between you and I. There was always, above all, the affection, and the most deep respect that stems from it.

I remember with a gratitude for which I don’t have enough words your unwavering loyalty, that knew no limits; your being there when life turned nasty for me. The loyalty and generosity for which all your friends remember you. I also remember when you made a surprise appearance in London a few years ago. You were travelling with Beatriz Rivas. We had dinner together and my heart was full of happiness because you were in my London, because you had suddenly appeared.

I saw you for the last time when I was in Mexico in 2017, at the Mono Blanco concert in Bellas Artes. It was sheer delight, and even more so for seeing your joy, with that childlike enthusiasm that you always kept alive and which was so contagious. Then we went to have dinner with friends to La Opera cantina. In the taxi back home you had us all in stitches, the driver included. We left you in your house. We hugged each other, one of those intense hugs, loaded with love that you could give. I saw you walk to your door and saw you happy. That made me happy too. What happened between then and this most sad April? Or was the sadness already crouching there, and I couldn’t see it?

When we wrote to each other last February, we were both melancholic. We talked a bit about our work difficulties. We also talked about our novels. I asked you if you had any trip to London coming soon. You said no, but said that if I went to Mexico this year I could stay in your house. That was thrilling, because I remember with immense affection your flat, to which you always had a warm and generous welcome, where I always felt happy. In 2017 you offered it to me as well, but those days you were going to be on tour, and I was afraid to be on my own, a few weeks after the earthquake… now I’m so sorry I rejected your hospitality. Later on we met with the friends from the extinct literary workshop, and you told us about your experience of the earthquake. You had immediately joined the rescue efforts.

In those last February emails this year, you told me that I should go back to Mexico for good.

I couldn’t read between the lines the depth of your sadness, your exhaustion, and I would give anything to make time go back, so that I had known how to ask you, ‘How are you?’, in a way that you answered truly. Now, reading a posthumous interview, and some of the texts accompanying your beautiful photographs in your instagram account (which I didn’t know existed), I recognize the melancholy, as if you were already saying goodbye, though maybe you yourself didn’t know, or not fully, and I don’t know what to do with the pain of not having been able to see that before, and not having been there when you felt so fragile. I gather all you needed was a little push. I gather that’s what happened…

I don’t have words to express my gratitude for your friendship. Happiness, joy for life, imagination, loyalty, generosity: that’s what you gave to people. And I write it here, in this blog that anyone can read, because I want that the people who didn’t know you know who you are: that that’s what you gave to this world, and that that’s why you enriched unceasingly our world, in so many ways. The truth of your life and who you’ve been isn’t in the social media underworld. It’s in the work you left, and deep down in the heart of all the people you touched, of your friends, we who know who is Armando Vega Gil, and how irreparable is this loss.

Rest, my friend, my brother. Rest in the light. The terror’s over. The darkness fades. In my heart you’ll always be alive, with your open heart, with your laughter. Thank you. Thank you.

 

 

 

 

 

Petición pública: Necesitamos saber / Public petition: We need to know

(Scroll down to read in English)

[Quiero añadir a este texto que escribí ayer, que para poder hablar y saber qué pasó aquí necesitamos calmarnos, sin más linchamientos. Sí queremos que la persona que denunció a Armando se identifique y aclare lo que pasó, pero no bajo amenazas. Quizá, ante el ambiente enardecido y ya muy lejano de toda razón que impera, lo prudente sea que se comunique con los familiares de Armando. No lo sé, estoy confundida, pero, como amiga muy cercana de Armando, y llena de dolor por su muerte, hago un llamado a todos aquí a que no haya más violencia.]

Esta semana hemos perdido a un amigo entrañable, Armando Vega Gil. Un hombre de muchos talentos: músico, escritor, fotógrafo, actor, y activista comprometido que ha enriquecido durante décadas la vida cultural de México. Armando era, además, un hombre generoso, un amigo leal, solidario y amoroso que está siendo llorado por muchos.

Su suicidio el pasado primero de abril, tras la acusación anónima en la campaña Me Too Músicos Mexicanos, nos ha dejado rotos a todos los que lo queremos, paralizados en un vacío de dolor. Pero la parálisis no sirve de nada. Necesitamos hablar, y no nada más como la familia y amigos que lloramos a Armando: necesitamos hablar como sociedad, hombres y mujeres, de frente. La búsqueda de la justicia y la igualdad no puede convertirse en una guerra letal que genere solamente más dolor, más odio y una polarización que ya nos está asfixiando.

Soy mujer y sé, como miembro de mi sociedad y también por experiencia propia, que el machismo es un ácido que corroe desde la raíz las relaciones entre hombres y mujeres; sé que las mujeres tenemos que hablar, y entiendo los argumentos detrás del principio de la acusación anónima. Pero, aunque entiendo estos últimos, no los respaldo. El anonimato se presta a todo tipo de calumnias y también cobra víctimas.

Yo no manejo las redes sociales; no sé bien cómo funcionan. He buscado los nombres de las personas responsables de la campaña Me Too Músicos Mexicanos y no los encuentro por ningún lado. ¿Es posible abrir una cuenta así en Twitter sin responsables identificadas? ¿La campaña misma es anónima? Estoy buscando esos nombres para pedirles a las o los responsables de la misma que nos ayuden a identificar a la persona que lanzó esa acusación anónima contra Armando.

Sé que esa persona, sea cual sea el motivo por el que escribió lo que escribió en Twitter, debe ahora estar muy asustada. Identificarla no se trata de un linchamiento; Armando mismo, en su nota suicida, reconoce y apoya el derecho de las mujeres de manifestarse contra todo tipo de abuso y denunciarlo. Simplemente, todas las personas que queremos a Armando (somos muchísimas), necesitamos saber qué pasó. Tenemos que hablar.

La necesidad de hablar y saber, además, creo que rebasa al círculo de familiares y amigos de Armando. Tenemos que hablar, como sociedad. Tenemos que garantizar la protección de todas las víctimas que denuncien cualquier tipo de abuso, pero también tenemos que detener la impunidad que provoca el anonimato en las redes sociales.

Desde aquí les pido a las personas responsables de Me Too Músicos Mexicanos que se identifiquen y nos ayuden a localizar a la persona que lanzó la acusación contra Armando. A esa persona le pido también, con el corazón roto, que hable, que dé la cara. Estamos dispuestos a escuchar. Necesitamos escucharla, a ella, y escuchar a Armando, cuya sensación de impotencia ha hablado con la más dolorosa elocuencia.

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This week we have lost a beloved friend, Armando Vega Gil. A man of many talents (musician, writer, photographer, actor), and a committed activist who has enriched for decades Mexico’s cultural life. Furthermore, Armando was a generous man, a loyal, solidary and loving friend that is being mourned by many.

His suicide last April the first, on the wake of the anonymous accusation appeared in the Me Too Mexican Musicians campaign, has left broken all those of us who love him, paralized in a void of grief. But paralysis is useless. We need to talk, and not only as the family and friends who are mourning for Armando. We need to talk as a society, men and women, face to face. The quest for justice and equality cannot become a lethal war which will only generate more pain, more hatred and a polarization that is already stifling us. 

I’m a woman and I know, as a member of my society and also through my own experience, that machism is an acid that corrodes the relationships between men and women from their roots; I know that we, as women, have to speak out, and I understand the reasoning behind the principle of anonymous accusations. However, though I understand the latter, I do not support it: Anonymity lends itself to all sorts of slandering, and it also claims victims.

I don’t do social media; I don’t quite know how they work. I have looked for the names of the persons responsible for the Me Too Mexican Musicians campaign and can’t find them anywhere. Is it possible to open a Twitter account like this, without identified holders? Is the campaign itself anonymous? I am looking for the names of those persons to ask them to help us identify the person who made that anonymous accusation against Armando.

I know that that person, whichever was the reason why she wrote what she wrote in Twitter, must be now very scared. To identify her is not about lynching: Armando himself, in his suicide note, acknowledges and supports the right of women to speak out about any kind of abuse, and to denounce it. It is simply that those of us who love Armando (and we are quite many) need to know what happened. We need to talk.

Furthermore, I believe that the need to talk and know goes beyond the circle of friends and relatives of Armando’s. As a society, we need to talk. We need to guarantee the protection of every victim who denounces any kind of abuse, but we also must stop the impunity provoked by anonymity in social media.

From this space, I am asking the persons responsible of Me Too Mexican Musicians to identify themselves and help us find the person who made the accusation against Armando. I am also, brokenhearted, asking that person to speak, to show her face. We are willing to listen. We need to listen: listen to her, and listen to Armando, whose sense of impotence has spoken with the most painful eloquence.