Oaxaca

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Dolor. Dolor encajado en el estómago. Parálisis. La honda, cada vez más honda sensación de impotencia. ¡Y yo que creía que mi próxima entrada en este blog sería sobre Gérard de Nerval!

          No, Nerval espera. Porque la hermosa ciudad de Oaxaca, en México, está tomada. Tanquetas contra el pueblo lanzando chorros de agua a presión, helicópteros con francotiradores sobrevolando la ciudad, llevándose detenidos que luego llevan a enfrentar quién sabe qué horrores a un campo militar. Sueltan, de despedida, bombas de gas lacrimógeno. Todo esto, ¿para qué? Para reestablecer el estado de derecho, dice el presidente Vicente Fox: palabras temidas por todos los mexicanos. Suelen ser seguidas por la fuerza, el ejercicio brutal de la fuerza.

          Anoche escuchaba por internet, desde Londres, Radio Universidad de Oaxaca. Sabían que las fuerzas desatadas del Estado se acercaban cada vez más a sus instalaciones; esperaban, transmitiendo el inconcebible desarrollo de los acontecimientos mediante enlaces en vivo, atrincherados en la estación. Luego se suspendió la transmisión, ya no pude escuchar más.         

Soñé con temblores, con soldados. Hoy despierto para enterarme de que, en efecto, ya fueron tomadas por policías y soldados las instalaciones de Radio Universidad. Ahora estoy conectada a “Kehuelga Radio”.

          Acabo de ver el último video del periodista neoyorquino de indymedia, Brad Will. Paramilitares, matones vestidos de civiles disparando contra las barricadas de la APPO. El video documenta el enfrentamiento; los matones son seguidos, el pueblo les lanza piedras y la sombra de la violencia se derrama, a gritos, por las calles. Son las últimas tomas de Brad Will, que terminan con el ruido sobrecogedor de las balas que recibe, su grito de “Ayúdame”.

Náusea, rabia, dolor. No tengo palabras.          

En el extranjero, la palabra Oaxaca trae imágenes de un mercado pintoresco, playas paradisíacas, maravilloso destino turístico. Y sí, Oaxaca es un estado lleno de belleza, de historia, de cultura y de placer. Pero yo no puedo pensar en Oaxaca sin ver, también, la pobreza. La pobreza, siempre, los mismos pobres olvidados, perseguidos, torturados, asesinados del pueblo mexicano.         

Cuando suceden cosas como lo que en estos instantes está pasando en Oaxaca en otros países, países oficialmente reconocidos como “atrasados”, bárbaros, salvajes, eso que llamamos la comunidad internacional se horroriza, manda a sus periodistas, los mandatarios del “mundo civilizado” condenan esa violencia intolerable.

          Cuando estas cosas pasan en México, la prensa y los mandatarios de la comunidad internacional se quedan callados. Se sigue hablando en el extranjero de ese país próspero, cargado de triunfos democráticos y floreciente economía, ese México imaginario que quieren hacernos creer que es mi país. ¿Por qué? ¿Por qué callan en el extranjero, y mienten, o –voluntariamente– ignoran? ¿Es por los negocios que hacen con los ricos y los poderosos de México?

          Me callo. De qué sirve dar rienda suelta a mi rabia… Me callo con mi dolor.          

Si estás leyendo esto hoy lunes 30 de octubre, y vives en el extranjero, ojalá quieras ir al Consulado o Embajada de México que te quede más cercano, a las 5 de la tarde. ¿Para qué? Para que el gobierno mexicano y el mundo escuchen nuestra voz. ¿Para qué? ¿Sirve de algo? No lo sé, no lo sé, pero es lo único que tenemos: nuestra voz. El silencio es la muerte.         

 Grief. Pain gripping the stomach. Paralysis. The ever deeper feeling of impotence. To think that I expected my next entry in this blog to be about Gérard de Neval!           

No, Nerval will have to wait. Because the beautiful city of Oaxaca, Mexico, has been taken. Armoured personnel carriers dispersing the people, helicopters loaded with snipers flying low above the city, taking people away that are later landed in a military camp, to face only God knows what horrors. Their farewell gesture are tear-gas bombs.          

What for, all this? In order to reinstate the rule of law and democracy, says president Vicente Fox; these are words feared by all Mexicans. They are usually followed by the brutal abuse of force.         

 Last night I was listening, here in London, the University Radio of Oaxaca through internet. At the station, they knew that the loose State forces were approaching their premises; entrenched in the station, they waited, while they broadcasted through live links what was happening outside. Suddenly the transmission stopped. I couldn’t hear more.         

I dreamt of earthquakes, of soldiers. Today I woke up to learn that, indeed, policemen and soldiers have already taken the University Radio’s premises. Now I’m connected to “Kehuelga Radio”.         

I have just seen Brad Will’s –NY journalist for indymedia—last video in Oaxaca. Paramilitary men, hit men in civilian clothes, shooting against the APPO (organized civilian resistance, including the teachers’s movement) barricades. The video is a chilling document of the clash. The hit men are followed; people throws stones at them, and the shadow of violence overflows the streets, screaming. These are Brad Will’s last takes, which end with the horrifying sound of the bullets that hit him, his voice shouting “Help me”.           

Nausea, fury, grief. I have no words.

Abroad, the word Oaxaca evokes images of a colourful market, paradise-like beaches, a wonderful tourist spot.  And Oaxaca is indeed a state full of beauty, history, culture and pleasure. But I cannot think of Oaxaca without seeing the poverty as well. Poverty, always, the same forgotten, repressed, tortured, murdered poor; the Mexican people.         

When things like what is happening in Oaxaca in this very instant take place in other countries, officially conceived of as “backward”, barbarian, savage, what we call the international community is horrified, sends its journalists in, and the rulers of the “civilized world” condemn such intolerable violence.

          When these things happen in Mexico, the international community’s press and rulers keep silent. Abroad, they keep on talking about that prosperous country, loaded with democratic triumph and a flourishing economy, that imaginary Mexico they want us to believe is my country. Why? Why do they keep silence abroad, and why do they lie or –voluntarily—ignore? Is it because of the business deals they’re making with the rich and the powerful in Mexico?

          I won’t say more. What’s the point of unleashing my fury here… I keep quiet, with my grief.          

If you’re reading this today, Monday, October 30th, and live abroad, I hope you’ll go to the nearest Mexican Consulate or Embassy at 5:00 pm. What for? So that the Mexican government and the world listen to our voice. What for? Does it make any change? I don’t know, I don’t know, but that’s all we have: our voice. Silence is death.                     

Published in: on October 30, 2006 at 12:10 pm  Comments (1)  

La guerra y la paz / War and Peace

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Me he cambiado, al menos temporalmente, a este “sitio blog”, que al parecer me permite subir un número ilimitado de imágenes. Por el momento, entonces, el sito en freewebs estará detenido.          

Le agradezco a Simon Strantzas su ayuda y su paciencia; él, desde Canadá, se encargó de reorganizar las páginas en este espacio de una manera funcional.

          Pasado el furor postelectoral en México, por momentos se percibe la extraña sensación de que nada hubiera sucedido. Ésta es la veleidad de la política. Hubo un fraude en las elecciones presidenciales mexicanas. El escándalo y la acción se diluyen, sin embargo, en el carnaval delirante encabezado por López Obrador. Es hondo el desencanto; no vale la pena gastar más palabras en eso.

          Ya hablé de mis dudas y otros desencantos tras el incidente Marcos-Poniatowska. Al mismo tiempo, leo los últimos comunicados del EZLN y vuelvo a ver en ellos y en su particular forma de lucha la única salida, la única razón. Olvidados y traicionados por casi todos, ellos se desembarazan de todo lo que les pesa y no les sirve, incluyendo las proyecciones que otros sectores sociales quisieron imponer sobre ellos, y se deshacen, particularmente, del lastre de los políticos.  Y eso es lo único sensato. Sobrevivir a la política y empezar a vivir, simplemente.

tolstoy22.jpg          En los meses pasados, entre el circo de nuestras elecciones, el horror de la guerra en Líbano, la renovada amenaza terrorista en el Reino Unido y el resto de las desgracias y bajezas que desfilan por nuestros periódicos y pantallas, leer La guerra y la paz me mantuvo cuerda. Nuestras ideas de lo que es la historia cambian, y las teorías esbozadas por Tolstoy pueden quizá horrorizarnos ahora. Sin embargo, es difícil evadir la certeza de que los horrores de la historia son desatados por la naturaleza humana, y que así ha sido siempre. A cada hombre y mujer sobre la tierra le es dada, creo, la mirada para ver el momento histórico en que le tocó vivir. Sustraerse a las imágenes que le otorga esa mirada, a su responsabilidad de responder con honestidad, generosidad o valentía a los acontecimientos de su tiempo, a la búsqueda de la verdad y la justicia, equivalen a renunciar a buena parte de lo que nos hace humanos: nuestra conciencia, nuestra inteligencia, justamente nuestro sentido de humanidad. La responsabilidad y la acción frente a la historia son importantes, necesarias.          Pero esa respuesta y esa acción son decisiones del individuo. Ninguna idea, ninguna causa, está por encima del individuo. Sí, esto que vivimos “es la Historia”. Pero todos y cada uno de los muertos, los refugiados, los hambrientos, son antes que nada individuos. Al carajo con la historia, al carajo con nuestras opiniones deformadas por la ideología, armadas sobre los muy endebles cimientos del exceso y a la vez total ausencia de información en que estamos sumergidos. La vida, el verdadero drama humano están muy lejos del juego de los políticos, muy lejos de los grandes postulados de la Historia. Hay que destruir el espejismo.         

Harta del ruido y de la farsa, busco en todos los espacios una cueva. 

I have moved to this “blog site” at least temporarily, as it seems that here I can upload an unlimited amount of images. Thus, for the time being, the freewebs site will be stopped.          I want to thank Simon Strantzas for his help and patience. From Canada he looked after the reorganization in a functional way of the pages in this space.          After the postelectoral furor in Mexico, one feels for a moment a strange sensation, as if nothing had happened at all. Such is politics’ fickleness. There was a fraud in the Mexican presidential elections. Yet, scandal and action get diluted in the delirious carnival headed by López Obrador. Disenchantment is deep; it’s not worth it to waste more words on that.

          I’ve already talked about my doubts and other forms of disenchantment after the Marcos-Poniatowska incident. At the same time, I read the latest EZLN communiqués and I still see in them, and in their particular way of fighting, the only answer, the one and single good sense. Forgotten and betrayed by almost everyone, they get rid of everything that weighs on them and is not useful, including the projections that other social sectors wanted to impose upon them, and they get rid, particularly, of the burden of politicians. And that’s the only wise thing to do. To survive politics and start, simply, to live.

                                    warandpeace1.jpg          During the past months, amidst our elections’ circus, the horror of the war in Lebanon, the renewed terrorist threat in the UK and all the other disasters and vileness that parade everyday through our newspapers and screens, reading War and Peace kept me sane. Our ideas about history change, and those theories outlined by Tolstoy may perhaps horrify us now. Yet, it is very difficult to get away from the certainty of the horrors of history being unleashed by human nature, and knowing it will always be so. Each man and woman on earth is given, I believe, his or her eyes to see the historical moment they live in. To keep out from the images their eyes present them with, to shirk their responsibility to answer with honesty, generosity or courage to the events of their times, to shirk the quest for truth and justice, are equal to giving up a great deal of that which makes us human: our consciousness, our intelligence, our sense of humanity, precisely. Responsibility and action in the face of history are important, necessary.         

But such a  response and such an action are the individual’s decisions. No idea, no cause is above the individual. Yes, this we are experiencing “is History”. But each and everyone of the dead, the refugees, the hungry, are individuals before anything else. To hell with history, to hell with our opinions, deformed by ideology, built upon the rather feeble foundations of the excess and, at the same time, the total lack of information we are submerged in. Life, the true human drama, are quite far away from the politicians’ game, far away from the great postulates of History. To hell with the mirage.         

 Fed up with the noise and the farce, everywhere I seek a cave.                    

Published in: on October 13, 2006 at 10:46 am  Comments (1)