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Resolver problemas. Enfrentar la responsabilidad del día. De pronto el mundo parece constreñirme de una manera insoportable; todo esto que es útil, todo el deber (ser, hacer) es una agitación de superficies, una imagen eficiente de mí que ahoga lo que soy. Lo que yo soy. Tengo que repetirlo muchas veces para caer en mí: lo que yo soy.
Basta con mirar a la gente en la calle, en el autobús, para entender que esto es, en buena medida, la vida humana. Navegar en la circunstancia.
Ahora mi circunstancia es un problema de inmigración, un problema de salud, mucho trabajo. Otros se mueven en otras circunstancias, similares o completamente distintas, atroces o cargadas de bendiciones. ¿Por qué siento, cada vez con mayor frecuencia, que las circunstancias de los otros son arrojadas sobre mi cabeza, abrumándome con historias que no quiero conocer? No sé si estoy perdiendo la soledad. No me gusta.
Nuestros vecinos se pusieron paranoicos por la remota posibilidad de un robo en el edificio y pusieron una cámara de circuito cerrado en el diminuto vestíbulo que divide su studio flat del nuestro. Primero me reí mucho, porque no podía entender el mecanismo mental que les había llevado a hacer una cosa semejante. Pero cada día que pasa la maldita cámara me enoja más y más. Lo que me cuesta concebir ahora es tamaña estupidez. Me descubro ya actuando para la cámara: fingiendo que no está ahí, fingiendo que no sé que está ahí, comportándome de manera “natural” pero consciente de ello, en un esfuerzo supremo por ignorarlos, harta de ser espiada.
El equipaje de toda mi vida se mezcla con el peso de la imbecilidad que parece impregnar el planeta, ¿o es sólo esta ciudad? He sido espiada desde niña; estoy acostumbrada al ojo invisible que me observa, a vivir como si no existiera, confundiendo el ojo de Dios con el ojo familiar, el ojo del destino, siempre intentando desafiar esa mirada con mi absoluta ignorancia (fingida) de su existencia. Ahora esta cámara, aquí, en la puerta de mi casa, las cámaras esparcidas por toda la ciudad como un universo delirante en cuya realidad todavía me cuesta creer, me arrojan fuera del universo. Empeñada en negarlas, viajo hacia adentro. No existen. No existe el espectáculo de todo lo que somos. Si no puedo romperlas a patadas, las romperé con mis ojos cerrados. Hacerlas explotar, hacer explotar el ojo insomne.
¿En dónde empieza la libertad? ¿Hasta qué punto puede nadie escapar a sus circunstancias? Quiero quitarme de encima esto que me oprime esta tarde, esta capa pesadísima de una mañana perdida resolviendo problemas, esta prisa de hormiga, esta sensación de huida permanente interrumpiendo el único momento realmente significativo: el manzano florecido en un parquecito, en medio del desolado paisaje de Wood Green.

To sort out problems. To face the day’s responsibilities. Suddenly the world seems to constrain me in an unbearable way. All this that is useful, all the duties (what I have to be, to do) is a stirring of surfaces, an efficient image of me that suffocates what I am. What I am. I have to repeat it many times in order to fall back into myself: what I am.
Just to look at the people in the street, in the bus, is enough to understand that this is to a great extent human life. To sail in the waters of circumstance.
Now my circumstance is an immigration problem, a health problem, lots of work. Others move in other circumstances, similar or completely different, atrocious or blessing-laden. Why do I feel more and more that other people’s circumstances are thrown upon my head, overwhelming me with stories I don’t want to know? I don’t know if I’m losing my solitude. If it is so, I don’t like it.
Our neighbours went paranoid at the remote possibility of burglary in the building and installed a CCTV in the tiny hall that divides their studio flat from ours. First I laughed a lot, because I couldn’t understand the mental process that had led them to do such a thing. But every day the bloody camera angers me more and more. What I find now difficult to conceive is such stupidity. I discover myself already acting for the camera: pretending it’s not there, pretending I do not know it’s there, behaving “naturally” but aware of it, in a supreme effort to ignore them, fed up with being spied upon.
My entire life’s baggage merges with the weight of the imbecility that seems to pervade the planet. Or is it only this city? I have been spied since I was a child; I’m used to the invisible eye that watches me, used to living as if it didn’t exist, mistaking the eye of God with the family eye, the eye of destiny, always trying to defy that gaze with my (pretended) ignorance of its existence. Now this camera here, at my doorstep, the cameras spread all over the city as a delirious universe in the reality of which I still find it hard to believe, throw me out of the universe. Intent on denying them, I travel inwards. They don’t exist. The spectacle of all we are does not exist. If I can’t kick them to pieces, I will break them with my closed eyes. To make them explode, to make the sleepless eye explode.
Where does freedom start? To what extent can anyone escape his/her circumstances? I want to get rid of this thing that oppresses me this afternoon, this incredibly heavy cloak of a morning lost sorting out problems, this ant’s rush, this sensation of a permanent flight interrupting the only truly meaningful moment of the day: the apple tree in full blossom in a little park, in the middle of Wood Green’s desolate landscape.

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Published in: on April 13, 2007 at 5:30 pm  Comments (3)  

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3 CommentsLeave a comment

  1. Hace poco leí un texto tuyo publicado en la revista switch sobre “Hail to the thief” y así llegué a tu blog.

    Enterarme de que eres la responsable de algunas letras de Santa Sabina fue una grata sorpresa.

    No me extenderé más, solo quería decir que me pareces una excelente escritora y, en cierta forma, un personaje muy interesante.

    Saludos y suerte con tus problemas.

  2. pues yo estaba más o menos igual, en una ciudad convulsionada por el cierre de un canal de televisión, y recordé “Y que haya cuerpos…”

    ¿Qué te puedo decir?

    Me salvó la noche
    Un abrazo

  3. Se extrañan los post, espero que sea por ocupaciones y no porque algo no anda bien. Mucha suerte desde acá.


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