Mexico, visa, Giordano Bruno

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Finalmente fui a México y regresé. Como todo en esta vida, esa pequeña pesadilla ya es parte del pasado. Cierto: el Home Office hizo cuanto pudo por hacerla eterna, y hasta el día anterior a mi regreso a Londres, desde el consulado británico en México, me tenían con el alma en un hilo. El chistecito nos salió en aproximadamente 1,500 libras. Pero supongo que es barato, considerando las 70,000 libras que Tracey Emin presume haberse gastado durante la Bienal de Venecia. Esto simplemente ilustra que hay muchas formas de vivir la vida para una mujer de 43 años en el siglo XXI.           

Pero fuera de los gastos descomunales y el estrés, fue bonito ir a México, aunque fuera por tan poco tiempo. Ver a esa familia muy poblada de mis amigos que es siempre tan leal y que da tanto gusto ver. Hubo muchas emociones encontradas en esos doce días. Acompañé a amigos muy queridos en el duelo por el fallecimiento repentino del esposo de una de ellas. Al mismo tiempo, estuve gozando inmensamente jugar con mi ahijado Claudio que al fin ya no es virtual; ya nos conocimos en persona y me dejó completamente enamorada.           

Extrañé a Mark; era muy raro volver a mi país y pensar que a las calles del D.F. les hacía falta este maravilloso señor inglés (de corazón mexicano, como él dice) que es mi esposo.            

Y vi México otra vez. El país, en sí, es una fuente muy fecunda de sentimientos encontrados. Realmente México parece estar peor que nunca, aunque eso también es relativo: desde que tengo memoria, siempre está peor que nunca. Seguimos en ese limbo de horrores cotidianos que no llegan a ser tan horribles como para acaparar la atención de la prensa internacional, pero que siguen implicando la muerte diaria a manos de la violencia y la brutalidad, y la miseria de millones de personas.            

Y como siempre, también, vi a la gente contagiada por esa efervescencia incomprensible que hace que los mexicanos sobrevivamos a todos los “peor que nunca” de nuestra historia. Hablar con la gente allá me llenó de energía, de vitalidad. Es una paradoja que no termino de entender.           

En el avión de ida y de regreso vi muchas películas mediocres, pero una me gustó de verdad: la vida de Edith Piaff. Veo que en Londres la están anunciando con el título de La Vie en Rose. Me acompañó también Frances Yates, con su libro Giordano Bruno and The Hermetic Tradition           

Yates fue una historiadora brillante y apasionada. Varios de sus títulos están traducidos al español, y quien quiera comprender verdaderamente el Renacimiento, no puede prescindir de su lectura. Estoy por terminar apenas Giordano Bruno…, volviendo las páginas con avidez y, por momentos, con el corazón acelerado y profundamente conmovida. Leo a la vez con la tristeza con que nos acercamos al final de nuestros libros favoritos.            

El núcleo de este libro extraordinario es la constatación de que una parte fundamental de la construcción intelectual y del imaginario renacentista, y por lo tanto de la cultura occidental, fue originada por un error histórico de proporciones gigantescas: la creencia equivocada en la inmensa antigüedad de los textos atribuidos a un no existente Hermes Trismegistus.           

 La honestidad y rigor intelectuales de Yates son en sí mismos muestra de las alturas que puede alcanzar el intelecto humano a las que los personajes históricos que pueblan sus libros les atribuían tanta importancia. La búsqueda de una u otra forma del poder detrás de los empeños de tantos “magos” renacentistas, con sus inevitables tropiezos con la realidad de la falibilidad y debilidad humanas, es transparente para ella, y en ningún momento encontraremos en sus páginas justificaciones para ninguna New Age ni fascinación ocultista idiota.           

Sin embargo, también puede ver, en la férrea racionalidad que rechaza de un manotazo toda búsqueda de lo sagrado, simplemente la manifestación de una estructura de pensamiento que obedece a su momento y circunstancias históricos, pero que no tiene tampoco la última palabra.           

En mi lectura de Yates, que tantas construcciones fabulosas del pensamiento y de la imaginación hayan tenido como origen un error de interpretación histórica no anula el valor de dichas construcciones. Todo lo contrario: nos hace admirar aún más el vuelo prodigioso del intelecto humano. Y, ¿por qué no?, del alma.           

Yates nos recuerda que Bruno no era exactamente el rebelde de ideas liberales que ahora reivindicamos. Es decir, sí lo era, y era un defensor convencido de la tolerancia, pero su pensamiento era estrictamente religioso, aunque estuviera fuera de toda ortodoxia.           

He estado pensando, en estos tiempos en que la palabra “religión” se ha convertido en una especie de palabra obscena para la población bienpensante del mundo, cómo es posible que tanta persona inteligente que anda por ahí sea capaz de ignorar que el pensamiento humano ha alcanzado muchas de sus más altas cimas en busca de la experiencia religiosa.           

 A Bruno me lo encontré en el D.F. de otra manera: en el parquecito más bien triste de la colonia Juárez a donde llevamos un día a jugar a Claudio. Quizá al parque no le quede más remedio que ser triste y tener ese aire desolado: fue construido en el mismo terreno donde se derrumbó un edificio en 1985, ahí donde murió Rockdrigo. Una persona cercana a mí es de los muy pocos sobrevivientes del edificio. Y ahí, por motivos incomprensibles, está una estatua de Giordano Bruno, copia de la que está en el Campo de Fiori, en Roma, justo en el lugar donde fue quemado vivo en 1600.            

Esto, pues, fue el viaje a México. Regreso con mi flamante visa, y continúo trabajando en un libro que me tiene de lo más entusiasmada: la compilación y traducción de una antología de cuentos británicos contemporáneos de fantasmas para la Secretaría de Cultura de San Luis Potosí. Pero de eso les iré contando más adelante.           

Me despido con una cita de Yates, haciendo referencia al pensamiento de Bruno:            El arte es el conocimiento de la forma en que nos unimos al alma del mundo.”bruno parque I’ve finally been to Mexico and back. As is the case with everything in this life, that little nightmare is already in the past. True, the Home Office did all it could to make it everlasting, and up to the day before my return to London, from the British Consulate in Mexico, they had me worried sick. The adventure cost us about £1,500, though I guess that’s cheap, considering the £70,000 Tracey Emin boasts having spent during the Biennale in Venice. This only goes to show that there are many ways of living life for a 43 year old woman in the 21st century.           

 But gigantic expenses and stress aside, it was beautiful to be in Mexico, even if it was for so short a time. It was good to see that very extended family of my friends, always loyal, always a joy to see. There were many mixed emotions during those 12 days. I accompanied very dear friends during the grief because of the sudden death of the husband of one of them. At the same time, I was enjoying immensely playing with my godson Claudio who, at last, is not virtual anymore: we now have met in person, and he left me completely in love.           

I missed Mark; it was very odd to go back to my country and think that Mexico City’s streets truly needed this wonderful English man (with a Mexican heart, as he says) who is my husband.           

And I saw Mexico again. The country in itself is a very rich source of mixed feelings. Mexico truly seems to be worse than ever, though that is relative as well: since as long as I can remember, it is always worse than ever. We’re still in that limbo of daily horrors that don’t get to be horrible enough to catch the attention of international press, yet still imply daily deaths on the hands of violence and brutality, and the misery of millions of people.            And as always, too, I saw people swept away by that incomprehensible effervescence that makes us Mexicans survive all the “worse than ever” moments in our history. Talking to people over there filled me with energy and vitality. It’s a paradox I can’t still understand.           

In the airplane to Mexico and back I saw many mediocre films, but one I really did like: Edith Piaff’s life. In London it is being announced with the title La Vie en Rose. I was also accompanied by Frances Yates, with her book Giordano Bruno and The Hermetic Tradition           

Yates was a brilliant and passionate historian. Whoever wants to really understand the Renaissance cannot miss reading her. I am about to finish Giordano Bruno…, eagerly turning the pages and, at some moments, with my heart beating fast and very deeply moved. At the same I read with the sadness with which we approach the end of our favourite books.The core of this extraordinary book is the corroboration of the fact that a fundamental part of the Renaissance–and thus of Western culture–intellectual and imaginary constructions, had its origin in a historical mistake of gigantic dimensions: the mistaken belief in the immense antiquity of the texts attributed to a non existent Hermes Trismegistus.           

Yates’ intellectual honesty and rigour are themselves proof of the heights human intellect can reach which were so cherished by the historical characters that people her books. The quest for one or other form of power behind the efforts of so many Renaissance magus, with their inevitable stumbling against the reality of human fallibility and weakness, is transparent for her, and at no point do we find in her pages any justification for any sort of idiotic New Age nor occultist fascination.           

Yet, she can also see in the fierce rationality which rejects in one blow all quest for the sacred simply the manifestation of a thought structure, which obeys to its historical moment and circumstances but doesn’t have either the last word.In my reading of Yates, the fact that so many fabulous constructions of thought and imagination had as its origin a mistake in historical interpretation does not invalidate the value of those constructions. On the contrary, it makes us admire even more the prodigious flight of human intellect and, why not?, soul.           

Yates reminds us that Bruno wasn’t exactly the rebel guy with liberal ideas we now claim him to be. I mean, he was, and he was indeed a convinced champion of tolerance, but his thought was strictly religious, even if it was alien to all form of orthodoxy.           

I have been thinking, in these times when the word “religion” has become a sort of obscenity among the well-meaning population of the world, how is it possible that so many intelligent people around there are able to ignore that human thought has reached some of its highest peaks in its quest for the religious experience.           

I also found Bruno in another way in Mexico City: in the little and rather sad park in the Colonia Juárez where we took Claudio to play one day. Perhaps the park can’t help being sad and having that desolate atmosphere: it was built in the very same grounds where a building collapsed in 1985, the same one where Mexican rock singer Rockdrigo died. Someone close to me is one of the few survivors of the building. And, incomprehensibly, there is a statue of Giordano Bruno, a copy of the one in the Campo de Fiori in Rome, just in the place where he was burnt alive in 1600.     

This, then, was the trip to Mexico. I’m back with my brand new visa, and continue working on a book that I am very excited about: the compilation and translation of an anthology of British contemporary weird fiction stories for the Secretaría de Cultura de San Luis Potosí. But more about that later.           

I say goodbye with a quote from Yates, referring to Bruno’s ideas:           

“Art is the knowledge of how to become joined to the soul of the world.”bruno                          

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Published in: on June 17, 2007 at 12:27 pm  Comments (3)  

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3 CommentsLeave a comment

  1. Wow! Felicidades Adriana por tu viaje a Mexico… realmente se escucha que te la pasaste muy bien. Yo soy de Tamaulipas, pero tengo 20 años viviendo en Texas… Tengo mucho tiempo visitando tu pagina y leyendo tus blogs.

    Al igual que muchas personas que visitan tu pagina yo te conoci por tus letras para Santa Sabina y desde ahi quede completamente intrigado y fascinado por tus bella poesía.

    Que genial que conociste a baby Claudio y que esten bien… Esta bonita a foto… Rita esta contigo, no?

    Saludos,

    Alex C.

  2. Muchas gracias, Alex. Fíjate que luego se me olvida abrir mi página y me pierdo muchos de los mensajes; los vengo descubriendo hasta después.
    Muchas gracias por lo que dices de mis canciones, y qué bueno que visitas el blog y me tienes paciencia, con todo lo que me tardo en actualizarlo.
    La que sale en la foto no es Rita, es otra amiga que nos acompañó ese día, pero es que a Rita no le tomamos foto con Giordano Bruno. Luego subo una de Rita con Claudio para, deja buscar una bonita.
    Saludos desde London,

    Adriana

  3. Hola Adri,
    Me pregunto si te acordaras de mi, Colomba, la amiga de Rita, de Patricio, de Poncho, la chilena para mi desgracia y la mexicana por siempre jamas.
    Ufff te vengo leyendo y estoy encantada, tus palabras son tan interesantes…. qu elindo todo lo que estas haciendo en Inglaterra ¿cuando volveras a Mexico?.
    Y en esa foto tu, Fabiola y CLaudio, que enorme niño!!!
    En fin sigo leyendo, besos y abrazos eternos.


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