Las noticias / The News

(Scroll down to read in English)

Me cuesta mucho despertar por las mañanas. Mark se levanta antes y prende la radio, y con frecuencia lo que dicen los locutores se mezcla con mis sueños matutinos, creando escenas de lo más extrañas.

Esta mañana estaba soñando que habían encontrado un coche bomba estacionado en Haymarket, pero en mi sueño era tranquilizador saber que alguien había encontrado un guión de hacía mucho tiempo con exactamente las mismas palabras que pronunciaban ahora los locutores, así que de seguro era todo una broma.

Cuando por fin desperté, me dije: “Qué bueno que era nomás un sueño”, y entonces oí las noticias: en efecto, había un coche bomba en Haymarket, cerquitita de Piccadilly. Ay.

El coche bomba es como el paso dos después de los ataques en el transporte público para ponerte los pelos de punta. Implica que no hay virtualmente ningún lugar en la ciudad donde puedes estar seguro. Si esta noticia la hubieran dado hace más de dos años, ahorita estaría sufriendo un ataque de pánico. Pero es curioso cómo la mente humana se adapta a muchas cosas; después de los ataques del 2005, ahora siento al menos alivio de que no detonara la bomba, y una extraña sensación de cotidianeidad. No sé si es culpa de occidental o simplemente lógica, pero no puedo evitar pensar que esto sucede en otras partes todos, todos los días. Nada más que allá sí explotan todas las bombas.

Pero pese a mi relativa tranquilidad, no es bonito. Como descubrí tras los ataques del siete de julio hace dos años, no nada más da miedo, aunque sí da. Da mucho, mucho coraje. Como todos aquí, supongo, pienso en “mi” ciudad, “mi” Haymarket y “mi” Piccadilly, y me enfurece que alguien quiera matar gente inocente y volver a poner la ciudad de luto.

Recién estrenado el nuevo Primer Ministro, esto va a ser una descomunal prueba de fuego para su nuevo gabinete. Es esperanzador que haya ministros tan jóvenes –aunque también es cierto que tienen menos experiencia–, y que hayan cambiado los que, en mi opinión, tenían cargos fundamentales: política exterior, el servicio de salud pública y el Home Office. Pero “esperanzador” es una palabra muy grande. Con la política, es mejor ya no esperar nada de nadie.

Imagino que este ataque (fallido, gracias a Dios y a Alá) estaba preparado para coincidir con el estreno de Gordon Brown. ¿O sería la reunión de las Spice Girls? No olvidemos, por favor, a ese extraordinario personaje, Omar Bakri Muhammad, quien dijo que en una Gran Bretaña bajo su ideal de una ley islámica ya no habría más “Spicy Girls”. (Sí son un horror, pero no es para tanto.)

En fin, las cosas no están nada bien. Más soldados muertos en Irak (dos de apenas 20 años), las inundaciones, el coche bomba. Ah, y la prohibición de fumar en los pubs que empieza este domingo…

¿Qué puede cambiar realmente con un nuevo Primer Ministro? Habrá que esperar y ver. Sigo pensando que Blair es un personaje político de lo más interesante. En ocasiones pensé que era de verdad brillante, y me aterrorizaba su elocuencia porque te hacía creer, al menos, en su sinceridad, aún si estaba de lo más equivocado.

Pero para mí cualquiera de las cosas buenas que también hizo, y la indudable fuerza de su personalidad que le acompañó hasta su último discurso, están eclipsadas por toda la sangre derramada de la que no puede fingir no ser responsable. Y no nada más la sangre derramada; también su arrogancia, no admitir jamás que se había equivocado, no pedir perdón jamás, no escuchar a la gente a la que gobernaba, cuya mayoría no quería la guerra. Tomó decisiones que eran la frontera entre la vida y la muerte de muchas personas, de gente inocente. Aún si creía tener la razón, tomó esas decisiones. Me dan escalofríos nada más de pensar lo que se debe sentir tener semejante peso en la conciencia. No ha de haber sido fácil salir de Downing Street despedido por el grupo de familiares de los soldados muertos en Irak gritándole “Asesino”.

Sí, es un personaje interesante y sin duda seguirá siendo estudiado en círculos de historiadores y politólogos. Lo trágico es que estos intereses, que no son finalmente más que ejercicios intelectuales, no se acercan nunca a la historia real de la gente de carne y hueso, anónima, que muere en las garras de la historia.

Yo me pregunto cómo es posible que alguien pueda querer de veras ser Primer Ministro o Presidente. Hay que estar loco para querer un trabajo de esos. El poder, pienso, el poder. Pero esa es sólo la respuesta más inmediata, la más obvia. ¿Qué hay realmente en la psicología de estas personas? Creo que nunca lo voy a entender.

En fin; a ver qué vendrá mañana, con Brown y su gabinete. A ver qué vendrá, con los coches bomba o sin ellos, las amenazas de muerte a Rushdie, la masacre cotidiana en Irak. Es este momento, y es la condición humana también, que con tanta frecuencia da espectáculos más bien desoladores.

Hoy iba a subir otra cosa al blog, pero me entró la tristeza con lo del coche bomba y me puse a escribir esto.

Gracias a todos los que han dejado sus mensajes. Debo confesar que, como ya se habrán dado cuenta, a veces tardo mucho tiempo sin actualizar mi página, y por lo tanto sin ver los mensajes que me dejan. A veces los leo muy tarde. No siempre les puedo responder personalmente, pero les agradezco mucho lo que dicen sobre mis libros, o mis letras para Santa Sabina, o sus comentarios para darme ánimo cuando me andaban echando del país.

Y por cierto, para no crear confusiones con los seguidores de Santa Sabina, porque veo que algunos se hicieron bolas: en la foto del texto pasado, junto a la estatua de Giordano Bruno, la que está conmigo y con mi ahijado no es Rita, es otra amiga que nos acompañó ese día.

 Veo lo que acabo de escribir y me doy cuenta de lo parecido que suenan “Gordon Brown” y “Giordano Bruno”, de quien tanto hablé en mi blog pasado. Por favor no se vayan a confundir.

 haymarket.jpg

I have lots of trouble waking up in the mornings. Mark gets up earlier and turns on the radio; often, what the presenters are saying gets mixed up with my morning dreams, creating the most bizarre scenes.

This morning I was dreaming that they had found a car bomb parked on Haymarket, but in my dream it was a relief to know that someone had found a script from a long time ago with exactly the same words the presenters were pronouncing now, so surely it was all a joke.

When I finally woke up I told myself, “How nice it was just a dream”, and then I heard the news. There was a car bomb on Haymarket indeed, quite close from Piccadilly. Oh dear.  

The car bomb is something like step number two, after the attacks on public transport, in hair-raising possibilities. It implies there is virtually no safe place in the city. If this news had come more than two years ago, I would be having a panic attack right now. But it is strange how human mind adapts itself to many things; after the 2005 attacks, now I feel at least relieved because the bomb was defused, and a weird sensation of daily routine. I don’t know whether if it’s Western guilt or simply logic, but I can’t stop thinking that this happens every single day in other places. Only that over there, it seems, all the bombs do go off.

 But in spite of my relative calmness, it ain’t pretty. As I discovered after the 7 July attacks two years ago, you don’t feel only fear, although you do. You feel a lot of anger. As everybody here, I guess, I think about “my” city, “my” Haymarket and “my” Piccadilly, and it infuriates me that anyone may want to murder innocent people and leave the city mourning again.

With a brand new Prime Minister, this is going to be an overwhelming baptism of fire for his new cabinet. It is a hopeful sign, I suppose, that there are such young ministers –though it’s also true they have less experience–, and that those who, in my opinion, held fundamental posts have been changed: foreign policy, the NHS and the Home Office. But “a hopeful sign” is too big an expression. With politics, you’re better off not expecting anything from anybody.

I imagine that this attack (failed, thank God and Allah) was prepared to coincide with Gordon Brown’s arrival. Or was it the Spice Girls reunion? Let us not forget that extraordinary character, Omar Bakri Muhammad, who said that in a UK under his ideal of an Islamic law, there would be no more “Spicy Girls”. (They are awful indeed, but that was taking things a bit too far.)

Anyway, things are not good at all. More dead soldiers in Iraq (two of them were only twenty), the floods, the car bomb. Ah, and the smoking ban that starts this Sunday…

What can really change with a new Prime Minister? We’ll have to wait and see. I still think Blair is a quite interesting political character. In some occasions I thought he was truly brilliant, and his eloquence terrified me because he made you believe in, at least, his sincerity, even if he was utterly wrong.

But to me, those good things that he also did, and his obvious charisma, that was displayed up to his last speech, are eclipsed by all the bloodshed, of which he cannot pretend not to be responsible. And not only that blood; also his arrogance, his never admitting he had been wrong, never apologizing, his refusal to listen to all the people in the country he was ruling who did not want the war. He made decisions that were the frontier between the life and death of many people, innocent people. Even if he thought he was right, he did make such decisions. I get shivers just to think of what it must feel like to have such weight on your conscience. It must not have been easy to leave Downing Street with the relatives of soldiers killed in Iraq calling him “Murderer” as a farewell.

Yes, an interesting character, and no doubt he will go on being studied among historians and political scientists. The tragic thing is, these kind of interesting stuff, which after all is no more than an intellectual exercise, never approaches the real stories of those people, flesh and blood, anonymous people who die in the claws of history.

I wonder how is it possible that anyone may really want to be a Prime Minister, or a President. You have to be mad to desire such a job. Power, I think; power. But that is only the most immediate and obvious answer. What is really the psychology of these people? I think I’ll never understand.

So, let’s see what tomorrow brings, with Brown and his cabinet. What tomorrow will bring, with car bombs or without them, the death threats to Rushdie, the daily carnage in Iraq. It is this moment, and it is human condition as well, which offers so often these rather desolate spectacles.

Today I was going to put something else in this blog, but I got sad with the car bomb issue and started writing this.

Thanks to all of you who have left your messages. I must confess that–as you’ve probably noticed–, sometimes it takes me ages to update my page, and thus to see your messages. Sometimes I read them quite late. I cannot always answer to each of them, but I am very grateful for what you say about my books, or my lyrics for Santa Sabina, or your comments to cheer me up when they were evicting me from the UK.

 By the way, to Santa Sabina’s followers: I see that some were confused, so please notice that in the picture in my last entry, by Giordano Bruno’s statue, the girl with me and my godson is not Rita, but another friend who was with us that day.      

I read what I’ve just written and I realise that Gordon Brown and Giordano Bruno have a similar sound. Please do not mix them up! 

(Imagen tomada de/image taken from www.hberlioz.com, © 2002-2006 Michel Austin and Monir Tayeb)                       

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Published in: on June 29, 2007 at 8:07 pm  Leave a Comment  

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