Mis libros / My books

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Les agradezco, como siempre, que sigan visitando este espacio, sus comentarios generosos y alentadores y su interés en lo que escribo. Por lo mismo me sienta mal renovar la página con tan poca frecuencia y prometer que regreso pronto, cuando en realidad suelen pasar meses antes de que vuelva a aparecerme por aquí.

 

Tenía toda la intención de ir subiendo pequeñas postales (escritas, se entiende) de mi largo viaje a México, pero nunca tuve tiempo de darles una forma coherente. Espero que al menos coincidan conmigo en que ha valido la pena la forma en que he consumido ese tiempo que no le dedico al blog. Hace un par de semanas terminé el primer borrador de la novela en que estoy trabajando. Es una novela larga, laaaaaarga, y como he comentado antes, muy complicada. Por lo mismo, el trabajo de corrección está resultando arduo y todavía falta mucho para que se le pueda llamar un libro, pero completar el primer borrador es siempre motivo de celebración para los escritores. La verdad es que, hasta que no llega ese momento, nunca estamos seguros de no estar embarcados en una empresa demente que nunca llegará a su fin. O al menos, eso es lo que a mí me pasa.

         

En cuanto al destino trágico, absurdo o como quiera llamársele de mis libros publicados, les cuento algunas noticias. A menudo recibo emails preguntándome dónde se pueden conseguir. Me temo que las noticias no son muy alentadoras, pero ahí van.

         

Mis tres primeros libros de poesía no se pueden conseguir en ningún lado, los primeros dos porque nunca salió el grueso de la edición de las bodegas y a estas alturas ya se los habrán comido las ratas, el tercero porque era una edición muy limitada que por lo tanto se acabó muy pronto.

         

En cuanto a mi novela La sed y el libro de poemas Estaciones, ambos editados por Colibrí y la Secretaría de Cultura de Puebla, como creo que ya había comentado antes, la editorial Colibrí ha cerrado sus puertas, lo que es una muy triste noticia. Quedaron ejemplares de ambas ediciones. El Faro del Viento de Ecatepec adquirió muchísimos ejemplares de La sed; durante la lectura que di allá en febrero se regalaron varios entre el público. Para más información sobre el resto, les recomiendo que se pongan en contacto con ellos y de pasada visiten ese lugar extraordinario, un oasis de creación, curiosidad por el pensamiento y por las artes en lo que se creería un páramo olvidado por el voraz tejido urbano. En la librería de viejo La Torre de Lulio, en la colonia Condesa del D.F., quedaron algunos ejemplares de La sed y de Estaciones, y algunos más en la Casa Poe en la colonia Roma (donde también dejé algunos de Cuentos de fantasmas y otras mentiras). Visiten también la Casa Poe. Se inauguró en el centenario del nacimiento de Edgar Allan Poe este año y es un nuevo espacio cultural inspirado por figuras centrales de la literatura más oscura de Occidente (como Poe mismo), creado con evidente amor y entusiasmo y que merece muy larga vida.

         

En la librería Profética, de la ciudad de Puebla, quedan también algunos ejemplares de La sed y de Estaciones. Y yo tengo otros tantos. No sé qué voy a hacer con ellos, pero poco a poco espero poder irlos echando al mundo, para que no se queden encerrados y guardando polvo, que es destino feo para un libro.

         

En cuanto a la novela Puente del cielo, mi aventura con Random House Mondadori terminó con un sabor que tiene mucho de agrio y muy poco de dulce. Me llevó años averiguar qué era lo que había pasado con la edición. Luego me enteré de que una amiga querida, escritora también, estaba en la misma oscuridad con respecto a dos libros suyos publicados por ellos. Fuimos a hablar juntas con el editor y resulta que prácticamente toda la edición de mi libro (algo parecido sucedió con uno de los de mi amiga) se destruyó durante una inundación que hubo en las bodegas hace unos dos años. Es escandaloso que no se nos haya avisado a los autores que nos vimos afectados de esta forma, escandaloso que no respondieran todas las veces que pregunté antes qué pasaba con mi libro, y escandaloso descubrir que el libro en realidad nunca fue bien distribuido. De otra forma, ¿qué hacía la edición casi completa en la bodega? Eso si vamos a creer, claro, el cuento de la inundación.

         

Así, años después de preguntar y preguntar, se nos extendió graciosamente un cheque por concepto de regalías para finiquitar el asunto. Un cheque que se nos debió haber enviado inmediatamente tras la mentada inundación, si acaso era esa la única solución. Todavía le pregunté al editor, ingenua de mí, si no les interesaba reponer la edición; yo preferiría con mucho que el libro existiera a que me paguen lo que es, propiamente hablando, la destrucción de una edición que no tuvo la oportunidad de ser leída. Pero no, no había interés alguno, mi libro y quién sabe cuántos más que corrieron la misma suerte habían, para ellos, pasado a la historia.

         

En cuanto a Cuentos de fantasmas y otras mentiras, su problema ha sido la distribución, como sucede con la mayoría de las editoriales independientes. Las librerías hacen devoluciones de estas ediciones si no se venden de inmediato como pan caliente. No es nada más mi libro el que está en las bodegas de Aldus. Hay montones de libros, muchos de verdad maravillosos (y las ediciones en sí, además, son muy bellas), que se han quedado atrapados en el pantano de la distribución. Yo les recomiendo que se den una vuelta por la editorial, no nada más si quieren adquirir mi libro, sino para que se lleven otros de los muchos títulos que tienen y que de veras vale la pena leer.

         

Así las cosas, de mis libros publicados se puede decir que son, por el momento, prácticamente inexistentes. Pero al mismo tiempo estoy contenta de que mi (largo) poema en prosa, Una rosa, será editado próximamente por Ediciones sin nombre. De hecho ya leí las pruebas. Mi novela Odio, que tanto me gusta y que tan elogiosos comentarios ha obtenido de la escasa gente que la ha leído –cuyo buen juicio respeto mucho más que el de cualquier editorcillo asalariado–, sigue rondando de editorial en editorial, aunque nadie parece atreverse a publicar algo tan poco comercial. Al menos son suficientemente sinceros como para admitir que ese es su criterio. Con esos resultados, ni siquiera me he molestado por enviar a editorial alguna mi libro experimental Lamentaciones del viaje. Imagínense, ese ni género tiene, ¿cuál va a ser el editor valiente que se arriesgue?

         

No sé cuál es el destino de mis libros, pero obviamente lo más importante es que sean escritos, así que sigo afanada y muy contenta escribiendo mi novela y avanzando también con otros proyectos, confiando en que todo esto encontrará sus lectores tarde o temprano. Tanto autores como lectores tenemos que encontrar la manera de enderezar el rumbo de una industria editorial que, cada vez más, tiene la insensata idea de que el trabajo de un editor es vender chicles. Sigo pensando en soluciones al problema y estrellándome con los mismos obstáculos que muchos otros autores y gran cantidad de lectores hambrientos de libros de escritores, no de efímeros pop stars de la letra impresa. Pero más que nada, sigo escribiendo, que es mi trabajo.

 

Aquí va un link para El Faro del Viento: http://farodelviento.blogspot.com/

No he encontrado página web de La Casa Poe, pero está en la calle de Zacatecas en la colonia Roma, D.F., casi esquina con Jalapa.

La torre de Lulio está en la avenida Nuevo León, colonia Condesa, D.F.

Aldus, también en el D.F., está en Tennessee 6, Col. Nápoles, Tel. 5682 1911.

Y este es el link de la librería Profética, en Puebla: http://www.profetica.com.mx/

 

I am grateful, as always, for your visits to this space, your generous comments and your interest in my writing. Because of that I do feel a bit bad for not renewing the page more often and for promising I will be back soon, when in fact it is usually months before I show up here again.

 

It was my intention to upload small postcards (albeit written ones) of my long trip to Mexico, but I never had the time to give them any coherent shape. I hope you at least will coincide with me on thinking that the way I’ve consumed that time I deny the blog has been worth while. A couple of weeks ago I finished the first draft of the novel I’m currently working on. It is a long, looooong novel and, as I’ve said before, quite complicated. Thus, the revising work is proving hard and it’s still a long way from being a proper book, but to finish a first draft is always motive of celebration for writers. To be honest, until that moment comes, we’re never sure we’re not committed to an insane endeavour that will never reach its conclusion. Or at least that’s what happens to me.

 

As to the tragic, absurd, or whatever you want to call it, destiny of my published books, I’ll give you some news. I often receive emails asking where can my books be found. I’m afraid the news is not quite uplifting, but here it goes.

 

My first three books of poetry cannot be found anywhere, the two first ones because the thick of the edition never left the warehouse and by now the rats surely have eaten them, the third one because it was a very limited edition that was finished soon.

 

Regarding my novel La sed and the book of poems Estaciones, both published by Colibrí and the Secretaría de Cultura de Puebla, as I think I had said before, the Colibrí publishers have closed down business, very sad news indeed. There were copies left from both books. The Faro del Viento de Ecatepec acquired a lot of copies of La sed; during the reading I gave there last February several were given to the attending audience. If you want more information about the rest, I’d advise you to contact them and to visit that extraordinary place, an oasis of creation, curiosity for ideas and the arts in what people might think was a wasteland forgotten by the voracious urban fabric. In the second-hand book shop La Torre de Lulio in the Condesa neighbourhood, in Mexico City, there are some other copies of both books, as well as in Casa Poe in the Roma, where I also left some copies of Cuentos de fantasmas y otras mentiras. Do visit Casa Poe as well. It was inaugurated on the bicentenary of Edgar Allan Poe’s birth this year and is a new cultural forum inspired by the key figures of Western darkest literature (such as Poe himself), created with obvious love and enthusiasm and deserving of a long life.

 

In the Profética bookshop in the city of Puebla there are also some copies of La sed and Estaciones. And I have some more. I have no idea what will I do with them, but little by little I hope I can push them out in the world, so that they don’t remain confined and gathering dust, which is an ugly fate for a book.

 

As to the novel Puente del cielo, my adventure with Random House Mondadori ended with a rather bitter and not quite sweet flavour. It took me years to find out what had happened with the whole edition. Later on I found that a dear friend of mine, a writer too, was being kept in the same darkness regarding two of her books published by them. We went to talk to the editor together and were told that practically the whole edition of my book (and one of my friend’s) was destroyed during a flood in the warehouse a couple of years ago. It’s quite outrageous that the authors that were affected this way were not informed then, outrageous that they didn’t answer all the times I had asked before what was going on with the book, and outrageous to find out that the book was in fact never properly distributed. Otherwise, what was the almost complete edition doing in the warehouse? That, of course, if we are to believe the whole story about the flood.

 

And so, years after asking and asking again, we were graciously presented with a cheque for royalties in order to settle the matter. A cheque that should have been sent to us immediately after the mentioned flood, if that happened to be the only solution. I still asked the editor, naïve as I am, whether if they were interested in restoring the edition; I’d much rather prefer for the book to exist than to be paid for what is, properly speaking, the destruction of an edition that didn’t have the chance to be read. But no, they were not interested at all. To them, my book and God knows how many others that had the same sad fate were history.

         

Cuentos de fantasmas y otras mentiras’ problem has been distribution, as is the case with most independent publishers. Bookshops return their books if they don’t sell immediately like hotcakes. It is not only my book that is in Aldus’s warehouse. There are lots of books there, many of them truly wonderful (and the editions themselves are quite beautiful too), all trapped in the distribution mire. I’d recommend you to visit the publishers’ offices, not only if you want to get my book; there are so many other titles there worth reading!

 

And so what we can tell of my published books, for the time being, is that they are virtually inexistent. But at the same time I am happy because my (very long) prose poem Una rosa will be published soon by Ediciones sin nombre. In fact I have already read the proofs. Mi novel Odio, that I like so much and has received such flattering comments from the few people who have read it—whose judgement I respect much more than that of any bureaucratic little editor—is still doing the rounds from one publishing house to another, though nobody seems keen to publish something so un-commercial. At least they are sincere enough to admit those are their criteria. With such results, I have not even bothered to send my experimental book Lamentaciones del viaje to any publisher. Just imagine, that one doesn’t even belong in any particular genre. Who would be the brave editor who’d take the risk?

 

I don’t know what the destiny of my books will be, but the most important thing is, obviously, that they get written, so I am still quite occupied and quite happy writing my novel and working as well on other projects, trusting that sooner or later all this will find its readers. We authors, and readers as well, must find the way to put to rights the doings of a publishing industry that is every time more senselessly convinced that a publisher’s job is to sell chewing-gum. I keep on trying to figure out solutions to this problem, and banging my head against the same obstacles than many other authors and a great deal of readers who are hungry for books written by writers, and not by ephemeral printed-word pop stars. But more than anything else, I keep on writing, which is my job.

         

Here’s a link for El Faro del Viento:

 http://farodelviento.blogspot.com/

I haven’t found a webpage of Casa Poe, but it’s in the street of Zacatecas, col. Roma, Mexico city, near the corner with Jalapa.

La torre de Lulio is in Nuevo León Ave., col. Condesa, Mexico City.

Aldus, in Mexico City as well, is on Tennessee 6, Col. Nápoles, tel. 5682 1911.

And this is the link of the Profética bookshop in Puebla: http://www.profetica.com.mx/

 

 

 

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Published in: on April 19, 2009 at 6:53 pm  Comments (4)