A Rita

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Querida Rita:
Finalmente los días se van alargando en Londres. La primavera se abre paso y empiezan a florecer los cerezos. Por todas partes se ven también los narcisos y los crocuses, que según el diccionario se llaman “azafrán de primavera”. Hemos tenido días muy hermosos, de luz suave. Ahorita es el ocaso, y te lo cuento como te he contado tantas veces cómo está el paisaje londinense, el cielo, el clima.
Te estoy oyendo cantar, te he estado oyendo cantar todo el tiempo estos días, y sé que somos muchos los que te escuchamos a la vez. Eso lo debes sentir.

He visto el amanecer, que también empieza a llegar temprano en estas fechas. La madrugada después de tu partida, se paró un pajarito en el antepecho de mi ventana.
En el amanecer de hoy estuve hablando por teléfono con gente querida que estaba allá en el Claustro, despidiéndote y en esa celebración que te hicieron tan hermosa. Por lo que me contaban, y las fotos que he visto, es justo lo que hubieras querido. Parece como si la hubieras organizado tú (tu producción, como bromeábamos). Me duele más allá de las palabras no estar allá justo ahora. Es quizá un dolor egoísta: lo que quiero es abrazar a la gente que te quiere, que me abracen, llorar juntos, y también estarte recordando, reírnos como hemos reído tanto contigo. Pero de alguna forma se ha salvado la distancia. No han parado las llamadas telefónicas, los emails, y aunque ya sabía lo querida que eres por tanta gente, esta manifestación de amor y admiración tan enorme me tiene profundamente conmovida, y me da consuelo.
El día anterior al concierto “Rita en el corazón” de diciembre, que fue otra expresión profunda de amor por ti, hablábamos por teléfono y me decías que estabas muy conmovida y que no sabías qué hacer con tantísimo amor. Te dije, y te lo repetí muchas veces, que lo tomaras todo: que lo habías sembrado, que no te preguntaras nada y simplemente lo tomaras. Sé que ahora ya no te lo preguntas, que ahora sí te abraza ya sin reservas, y que te debe estar ayudando en este tránsito. Tú y yo hablamos muchas veces de las cuestiones del alma, compartimos nuestras dudas con respecto a la fe; creo que ni tú ni yo hemos estado nunca muy seguras de si tenemos fe o no. Pero en el alma sí creemos, y por eso nos hemos dedicado a crear belleza (¡a intentarlo al menos!) de la forma en que lo hemos hecho –a través de la música o las palabras o el teatro, de tantas formas, pero crear, creyendo en la trascendencia de la belleza que nace del alma humana, en esa forma de divinidad (sé que en eso estamos medio pasadas de moda, pero esas consideraciones nunca nos han importado en lo más mínimo).
Hoy tengo que tener fe para poderte acompañar deveras: saber que estás aquí, con nosotros, que sientes nuestro amor, y por eso te escribo. Te escribo también porque es lo único que puedo hacer para estar cerca de todos los que te queremos y cerca de ti.
Ayer en la mañana fui a dar mi clase en el Instituto Cervantes. Sé que es lo que hubieras querido que hiciera. Seguí tu ejemplo: tú estuviste con tus alumnos del coro hasta el final, con quimioterapias o sintiéndote enferma, no importaba, nunca los abandonaste. No te iba yo a decepcionar quedándome llorando en mi casa: puedo oír perfectamente tu voz y cómo me hubieras regañado. Por una curiosa coincidencia, esa clase sería la segunda sesión sobre el tema “la importancia del canto en tu vida”. Mis alumnas llevaron unas tareas muy bonitas, sus canciones favoritas, que pusimos en You Tube, y entonces yo te hice tu homenaje. Oímos “Siente la claridad”, uno de los regalos más bellos que me has hecho y que me sigue dando fuerza cuando estoy triste, como te lo he dicho hasta el cansancio, y “A la orilla del sol”, que es también un regalo tuyo y de Santa Sabina porque fue la primera canción a que le puse letra, y ustedes con la música han convertido mis palabras en otra cosa; es un proceso muy misterioso, las palabras entonces tocan a la gente de forma distinta, y eso lo descubrí con “A la orilla del sol”. Luego una alumna mía hasta cantó, así que ya tuviste tu homenaje en Londres, con una celebración del canto.
Hoy que vamos a despedirnos de la parte visible de ti, de esa envoltura del alma que es el vehículo físico con que andamos por la tierra, necesito desesperadamente estar cerca de ti y cerca de quienes te queremos y admiramos. No sé cómo. Compré un ramo de narcisos porque son una imagen esencial de la llegada de la primavera en Inglaterra. Simbolizan el fin de la oscuridad, del frío, la renovación de la vida. Uno los ve salir, al mismo tiempo que las tardes se alargan, y es imposible no sentir una forma de esperanza, suave y dulce, en el corazón. Voy a estar oyéndote cantar en esos momentos, encenderé veladoras para iluminarte el camino.

No sé qué me dirías de hacer pública esta carta. Hemos tenido tantas conversaciones sobre lo que hay que hacer público y lo que no, y sé cuánto te molestaba la falta de pudor con que algunas personas revelan a todo el mundo sus cosas más íntimas. Podría mandarle esta carta sólo a tu familia. Pero me han llegado muchos mensajes de la gente que te quiere y admira sin conocerte en persona, y veo todos los que han llegado a tu página de Facebook. Me contaron de todos los que fueron a saludarte ayer al Claustro, tu público, y yo sé no nada más cuánto los amabas—amas—, sino la fuerza que te dieron durante el largo trayecto de la enfermedad. No sé de qué otra forma agradecerles el que te hayan dado esa fuerza, más que dejándoles leer esta carta, ni cómo agradecerles tampoco el consuelo que me han dado a mí, mandándome mensajes a este blog y en tu página de Facebook. Así que decido compartir estas palabras con ellos.
Me va a llevar mucho tiempo entender tu ausencia. Se me hace un nudo en el estómago de saber, intuir, cuánto y de cuántas formas te voy a extrañar. Pero dentro de toda esta desolación, tengo también serenidad y hasta una forma de alegría, por ver lo amada que eres y todas las cosas invaluables que nos dejas. La belleza que creaste y que aquí sigue, en tu música. Tu ejemplo como una artista que no condescendió nunca, que no se traicionó nunca. Tu entusiasmo, tu fortaleza, tu alegría. Rita, tu vida fue excepcional, has sido una mujer excepcional, y tú sabes que yo no pierdo la objetividad aunque te quiera tanto. Lo digo deveras, y está toda la gente reunida ahorita a tu alrededor para demostrar que digo la verdad, que no me ciega el cariño. Viviste la vida que quisiste vivir, y sembraste amor y belleza por todas partes. Quienes sólo te conocen por tu obra tienen ya bastante riqueza tuya. Tu familia y amigos tenemos además tu cariño, tu generosidad, tu fortaleza y tu alegría. No sé qué vamos a hacer, no sé cómo le vamos a hacer, pero sé que cuando aprendamos a reconciliarnos con el hueco que deja tu ausencia, sabremos ver con más sabiduría todo lo que no es hueco, todo lo que dejas que no se muere nunca. Y está también, por supuesto, Claudio con nosotros, y si algo me consuela de que vaya a crecer sin tener tu presencia física, es saber que la lección de vida que le has dado es infinitamente más valiosa de lo que muchas personas logran darles a sus hijos aunque vivan mil años; que entre tú y Aldo le han dado ya una lección de fortaleza y de cómo el amor es la única respuesta verdadera, real y tangible ante el dolor, y que Claudio va a vivir con eso siempre y lo va a hacer fuerte.

Tú sabes lo cercana que eres a mi corazón, todas las partes fundamentales de mi vida en las que has estado cerca, que hemos caminado juntas. Eso sí es entre nosotras y entre los más cercanos a nosotras, así que no digo en esta carta todo lo que has significado en mi vida, porque son partes de nuestra historia personal, y también porque no tengo palabras.
Lo que más he sentido en estos días tan extraños, tan irreales, son dos cosas: un dolor espantoso, inexpresable, y a la vez gratitud. No me importa sentir el dolor: vale la pena sentir tanta desolación por perderte, después de todo el cariño tan profundo, toda la belleza, toda la alegría y lealtad que le has dado a mi vida, y eso no se pierde nunca.
Te quiero mucho, espero estarte acompañando en algún lugar. Ahora debes estar en el centro de la transfiguración, la purificación del fuego, que es fuerza y belleza pura abierta al renacimiento.
Adriana

Dear Rita,
At last days are becoming longer in London. Spring starts breaking through and the cherry trees are in blossom. All around you can see the daffodils and crocuses. We have had some very beautiful days, with a soft light. It is twilight now; I tell you this as I have told you so many times how does the London landscape and sky look, how’s the weather.
I am hearing you sing, I have been hearing you sing all the time these days, and I know that it is many of us who are doing so at the same time. You must feel that.
I have seen dawn, that also starts to come early at this time of year. At dawn after you left us, a little bird came to stand at my windowsill.
At dawn today I was talking on the phone with people dear to both of us who were there at the Claustro, saying goodbye to you, in that beautiful celebration they made for you. For what they were telling me, and the photographs I have seen, it is just what you would have wanted. It is as if you had organized it yourself (your production, as we used to joke). It pains me beyond words not to be there just now. It is perhaps a selfish sorrow: what I want is to hug the people who loves you, that they hold me, to cry together, and also to be remembering you together and laughing as we have laughed so much with you. But somehow the distance has been bridged. Phone calls and emails have not stopped, and though I already knew how loved you are by so many people, this enormous manifestation of love and admiration for you moves me deeply, and comforts me.
The day before the “Rita en el corazón” concert last December, which was another deep expression of love for you, we were talking on the phone and you told me that you were very moved and did not know what to do with so much love. I told you, and repeated to you many times, to take it all: that you had sown it yourself; I told you not to question anything and just to take it. I know that now you don’t wonder what to do with it anymore, that now it indeed is embracing you with no reservation. You and I talked many times together about the issues of the soul, shared our doubts regarding faith. I think that neither you nor I have ever been quite sure whether if we have faith or not. But we do believe in the soul, and that is why we have devoted ourselves to create beauty (to try at least!) the way we have done, believing in the transcendence of beauty that is born in the human soul, in that form of divinity (I know we are old-fashioned in this, but we never have cared in the least about such considerations).
Today I must have faith so that I can truly accompany you—to know that you are here with us, that you feel our love, and that is why I am writing to you. I write this letter also because that is all I can do to be near all of those who love you, and to be near you.

Yesterday morning I went to teach at the Cervantes Institute. I know that is what you would have wanted me to do. I followed your example—you were with your pupils from the choir until the end, you never let them down. I was not going to disappoint you by staying crying at home. I can hear perfectly well your voice and how you would have told me off. By a curious coincidence, that class would be the second session about ‘the importance of song, or chant, in your life’. My pupils had done beautiful homeworks, played their favourite songs in You Tube, and then my homage to you was to play two of your songs. We heard “Siente la claridad”, one of the most beautiful presents you ever gave me and that still gives me strength when I am sad, as I have told you endlessly, and “A la orilla del sol”, which is also a present from you and Santa Sabina because it was the first song for which I wrote the lyrics, and you and the band, with your music, have turned my words into something else. It is a very mysterious process, words then touch people in a different way and I discovered that with that song. Later in the class a pupil of mine even sang, so you’ve had your homage in London too, with a celebration of singing.
Today that we are going to say goodbye to the visible part of you, that cover of the soul that is the physical vehicle through which we dwell on Earth, I need desperately to be near you and near those who love and admire you. I do not know how. I bought a bunch of daffodils because they are an essential sight of the arrival of Spring in England. They symbolize the end of darkness and cold, the renewal of life. You see them coming out at the same time that evenings grow longer, and it is impossible not to feel a form of hope, soft and sweet, in your heart. I will be hearing you sing then, I will light candles to illuminate your way.

I don’t know what you would say about making this letter public. We have had so many conversations about what should be made public and what not, and I know how much the lack of modesty with which some people reveal to the whole world their most intimate matters irritated you. But I have received many messages from people who love you and admire you without knowing you personally, and I see all those who have reached your Facebook page. They have told me about all those who went to visit you yesterday at the Claustro, your audience, and I know not only how much you loved them—love them–, but the strength they gave you during the long journey of your illness. I can’t find any other way to thank them for giving you that strength but letting them read this letter, nor how to thank them also for the consolation they have given me, sending me messages to this blog and through your Facebook page. So I decide to share these words with them.
It will take me a long time to understand your absence. I feel a knot of pain in my stomach just to know, to sense how much and in how many ways I’m going to miss you. But in the midst of all this desolation, I have also serenity and even a form of joy, to see how loved you are and all the invaluable things you leave among us. The beauty that you created and that is still here, in your music. Your example as an artist who never compromised, who never betrayed herself. Your enthusiasm, fortitude and happiness. Rita, you had an exceptional life, you have been an exceptional woman, and you know that I don’t lose objectivity even if I love you so much. I truly mean it, and all those people around you right now show that I am right, that I am not blinded by my affection for you. You lived the life you wanted to live, and have sown love and beauty everywhere. Those who only know you through your work have already much richness from you. We, your family and friends, have also your love, your generosity, your fortitude and joy. I do not know what we’re going to do, how, but I know that when we learn to find reconciliation with the void that your absence leaves, we will be able to see with more wisdom everything that is not void, everything that you leave and never dies. And of course there is also Claudio with us, and if there is anything that comforts me from the fact that he will grow without your physical presence, it is to know that the lesson of life you have given to him is infinitely more powerful than what many people manage to give their children even if they live a thousand years; that you and Aldo have already given him a lesson of fortitude, and of how love is the only truthful, real and tangible answer in the face of pain, and that Claudio will live with that forever and that will make him strong.

You know how close you are to my heart, all those fundamental parts of my life in which you have been near, that we have walked together. That remains between both of us and the people closest to us, so I won’t say in this letter everything you mean in my life, because that is part of our personal story, and also because I simply have no words.
What I have felt the most in these days, so strange, so unreal, are two things: a horrendous, inexpressible pain, and at the same time gratitude. I don’t mind feeling the pain: it is worth it, to feel so much desolation at losing you, after all the deep love, all the beauty, all the happiness and loyalty you have given to my life, and that is never lost.
I love you very much. I hope I am accompanying you somewhere. Now you must be in the centre of transfiguration, purification through fire, which is pure strength and beauty open to rebirth.
Adriana

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Published in: on March 13, 2011 at 10:00 pm  Comments (177)